El hombre como parte del todo. Un breve y acotado análisis del biocentrismo.

Por Fabián Maltempo

Introducción

En este texto voy a intentar introducir mi visión sobre el concepto de “biocentrismo”, como también algunas ideas a las que he llegado a partir del mismo. Para dicho fin recurriré a un análisis paradigmático, lo que supondrá un desglose historicista de la doctrina de pensamiento actual. Entiendo que es a partir de éste que construimos y comprendemos el entorno que nos rodea, siendo el que culmina definiendo la relación que tomamos con respecto a nuestro contexto. De esta manera, si comprendemos el paradigma actual, podremos comprender como según este nos posicionamos con respecto al resto de los seres vivos y elementos que forman parte de nuestro entorno.

El concepto de biocentrismo

Mi primer contacto “explícito” con el concepto de biocentrismo fue en un texto de Guimaraes (1998). En el mismo, el autor plantea que la humanidad está atravesando una crisis generalizada sin precedentes y a su vez que el crecimiento económico no sólo no es necesario para acceder al proceso de desarrollo, sino que es parte intrínseca de su insostenibilidad. Siguiendo esta línea, el autor plantea que “la sustentabilidad del proceso de desarrollo sólo estará dada en la medida que se logre preservar la integridad de los procesos naturales que garantizan los flujos de energía y de materiales en la biósfera y, a la vez, se preserve la biodiversidad del planeta. (…) el desarrollo tiene que transitar del actual antropocentrismo al biocentrismo, otorgando a las demás especies el mismo derecho “ontológico” a la vida” (Guimaraes, 1998, p. 11). De esta manera se me presentó el concepto de biocentrismo, de una manera ciertamente vaga pero no menos interesante.

A mi entender, el biocentrismo sostiene que el hombre debe dejar de ser concebido como el centro del desarrollo: no sólo importa la libertad del humano, el bienestar del humano (al menos no en el punto de que se entiende la misma por encima del “bienestar” de la naturaleza). De esta manera, se entiende que mientras sigamos considerando el desarrollo como un proceso de nuestra especie que no integre el entorno, este desarrollo no será sostenible. Lo que se plantea es que el bienestar del humano es igual de importante que la preservación de la naturaleza y de los ciclos naturales: “en donde el ser humano vuelva a ser parte, antes de estar aparte, de la naturaleza”. (Idem, p. 10).

Sobre la historia del pensamiento

Reflexionando con respecto al biocentrismo, encontré ciertas relaciones interesantes entre el pensamiento griego y el mismo. Nisbet plantea en su libro “Cambio social e historia” que “Los griegos aceptaron e incluso amaron el cambio, fueron los primeros, que sepamos, en hacer un estudio del cambio. Cuando el primer griego declaró que el cambio es una parte de la naturaleza de cada cosa viviente (…) empezó una investigación científica” (Nisbet, 1976, p. 4). Partiendo de la observación de la naturaleza y su funcionamiento, esbozaron teorías con respecto al “funcionamiento” o “mecánica” de todas las cosas. De esta manera, un ser humano se regía por las mismas leyes que una planta o cualquier otro ser vivo. Este funcionamiento era entendido como cíclico, comprendiendo que seguía una fase de crecimiento, para luego degradarse y perecer. Tomaré una cita de Séneca para representar el pensamiento griego: “Tanto si el mundo es un espíritu, o un cuerpo sometido al gobierno de la naturaleza, como los árboles y las cosechas, abarca en su constitución todo lo que está destinado a la experiencia, activa o pasivamente desde su principio hasta su fin; se asemeja a un ser humano, cuya capacidad total está envuelta en el embrión antes del nacimiento. Antes de que el niño vea la luz, es innato el principio de la barba y de los cabellos grises” (Séneca). Lo que podemos ver en esta cita, es que al ser humano se lo pone al mismo nivel de análisis que cualquier otro ser o ente de la naturaleza. Se rige por lo mismo porque, según su entender, es parte de lo mismo. Estas reflexiones traían consigo la concepción de un mismo nivel ontológico entre el ser humano y el resto de la naturaleza.

Esta concepción del cambio, tomado de Nisbet, se fue transformando hasta lo que hoy conocemos como progreso o desarrollo, donde estamos aparentemente en un camino lineal y no cíclico. Lo entiendo como camino lineal dado que el movimiento cíclico incluía la degeneración hasta la eventual “muerte”, la concepción actual ha destituido estos últimos dos factores y se ha quedado sólo con el de crecimiento. El análisis que realizamos ya no nos compara con la naturaleza: la naturaleza sigue el funcionamiento cíclico; el desarrollo humano, y el ser humano, no. Consideramos que podemos crecer indefinidamente y el ser humano al dejar de entenderse regido por un ciclo, comienza a rechazar la idea de que es natural para él envejecer y morir. Aquí es, donde yo entiendo, que el ser humano pasa a considerarse aparte de la naturaleza y ya no más parte de la misma.

Ciertamente, se puede objetar acerca del planteo realizado por los griegos; de la misma manera que cuestionar su efectiva relación con un sentido real, práctico, del entendimiento del humano como parte intrínseca de la naturaleza. Presentan ciertas teorías con las que uno podría discrepar, tal como la concepción de que toda sociedad humana perecerá completamente en algún momento, acompañada del resurgimiento completamente aislado de otra sociedad, en plena independencia de la existente anteriormente. De todas maneras, me resultó un ejemplo interesante para plantear la existencia de paradigmas alternativos al actual, con una concepción diferente de la relación entre el ser humano y la naturaleza.

La concepción moderna

Intentaré representar la concepción moderna utilizando el texto de David S. Landes (1979), donde busca analizar los efectos de la revolución industrial, entendida como “la primer circunstancia histórica de cambio desde una economía agraria y artesanal a otra dominada por la industria y la manufactura mecanizada” (Landes, 1979, p. 15). Plantea que “La Revolución Industrial marcó un hito fundamental en la historia del hombre. (…) Se inició un proceso acumulativo de avance tecnológico autoalimentado cuyas repercusiones se harían sentir en todos los aspectos de la vida económica” (Idem, p. 17). Luego de tomar en cuenta algunas críticas en lo que respecta al crecimiento de la desigualdad y externalidades negativas, culmina con la siguiente frase: “Mientras tanto, no obstante, el progreso ha sido espectacular. (…) La tecnología moderna no sólo produce más y más de prisa, sino que, además, permite producir bienes cuya obtención hubiese sido totalmente imposible mediante los métodos artesanales del pasado” (Idem, p. 19). Aquí vemos representada la concepción de avance acumulativo, de que lo presente es más avanzado que lo pasado. Por otra parte, podemos ver el carácter de crecimiento indefinido (aunque también tomando en cuenta las críticas de que no es sostenible) en la siguiente cita:  “… los incrementos de productividad y de producción debidos a una innovación dada ejercían, inexorablemente, presión sobre las actividades industriales conexas. (…) Y así sucesivamente, en círculos progresivamente expansivos” (Idem, p. 17).

También podemos tomar en consideración el texto de Arocena y Sutz (2003), donde criticando los criterios de subdesarrollo y desarrollo, Norte y Sur, centro y periferia los mismos son utilizados en carácter comparativo y para representar los problemas en las sociedades consideradas subdesarrolladas, periféricas, o del Sur. De esta manera se ve representada la idea de un desarrollo progresivo, lineal, en un mundo donde coexisten sociedades más desarrolladas que otras.

Ejemplos más claros y directos se pueden encontrar en los casos de economistas neoclásicos tales como Rostow, Nurkse o Hirschman donde con ciertos matices de diferencia todos toman la idea de un camino lineal de desarrollo y mencionan las medidas o etapas necesarias para el desenlace del mismo.

Considero que en el afán de entendernos regidos por “leyes” diferentes a las del resto de los seres, intentamos eliminar el comportamiento cíclico de nuestras vidas: rechazamos la vejez, rechazamos la idea de la muerte. Estamos dispuestos a intervenir tanto en la naturaleza como en nosotros mismos, en el intento  de lograr el crecimiento indefinido o al menos omitir el proceso de degradación. Es así que hemos puesto nuestros esfuerzos en alterar la genética de los seres vivos, en generar energía desmedida para sustentar nuestro crecimiento. Porque esa creemos es nuestra naturaleza: el crecimiento.

Entiendo que en esta separación ontológica con el resto de la naturaleza nos hemos alienado, nos hemos considerado ajenos a ella y nos consideramos en una situación de superioridad con respecto a la misma. Intervenir en la naturaleza no nos genera ningún conflicto ético, es ajeno a nosotros. Somos capaces de desarrollar trasplantes de cabezas y de modificación de genética precisa. No obstante, existen argumentos que plantean que estos descubrimientos pueden favorecer el bienestar humano y del entorno. Si bien esto puede ser cierto, la cuestión es que en un paradigma de crecimiento indefinido, en la medida que aceptemos estos descubrimientos estaremos considerándonos más y más ajenos a la naturaleza, dado que el foco estará hecho en lograr un crecimiento económico por ser este considerado el factor de avance en el progreso lineal.

Siguiendo esta discusión, podría plantearse que si estos descubrimientos se dieran en una sociedad bajo un paradigma diferente, inclusivo entre el hombre y la naturaleza, tal como el paradigma cíclico planteado por los griegos, si sería más favorable: lo que podríamos reflexionar es cuál sería la motivación del hombre para intervenir de esta manera en la naturaleza. ¿Cuál sería el sentido de buscar la manera de prolongar nuestras vidas indefinidamente? ¿Cuál sería el sentido de intentar lograr el crecimiento infinito?. A mi parecer, dado que nos aceptaríamos como parte de los ciclos naturales no tendríamos el interés de modificarlos. Nos aceptaríamos como parte de la naturaleza y de sus procesos, no tendríamos la necesidad de cambiarlos.

Podemos ver que las instituciones y estructuras generadas bajo este paradigma de progreso lineal poseen la misma esencia que el mismo. Por ejemplo, tenemos el caso de la ciencia, entendida como acumuladora del conocimiento y objetiva, se entiende que crece y avanza a  medida que se continúa desarrollando. Los conocimientos hoy generados son considerados “mejores” que los conocimientos acumulados del ayer, dado que cada vez nos acercamos más al conocimiento “real” u objetivo: se considera que el conocimiento científico progresa continuamente. Estas instituciones toman el valor que toman en nuestras sociedades “modernas” dado el paradigma actual imperante. Si el paradigma cambiara, la ciencia entendida como lo es hoy día sería desplazada del rol imperante que toma, dado que se rompería con la concepción de avance continuo y acumulación de conocimiento, con la idea de progreso continuo.

En lo que hace referencia al capitalismo, si entendemos que el mismo representa la acumulación de capital y las relaciones de poder entre los humanos y el entorno que lo rodea, estando este a su disposición para aumentar la producción y así la posterior acumulación de capital, parecería ser que esta definición no sería compatible con el biocentrismo. Siendo que el mismo plantea la necesidad de cuestionar y erradicar la supuesta necesidad de crecimiento económico y de dejar de considerar la naturaleza como recursos a nuestro servicio de ser explotados, parecería ser que la idea del capitalismo debería al menos ser reformada, dando lugar a un sistema donde se prioricen valores y metas diferentes a los que plantean actualmente.

Cambio de paradigma

Quedaría por delante plantearnos cómo es que se efectúa un cambio de paradigma. Podemos tomar ciertos análisis realizados sobre los cambios institucionales (entendidas las instituciones como el conjunto de normas y reglas que rigen a una sociedad, tanto formales como informales), dado que las mismas dependen fuertemente del contexto y situación histórico-temporal de una sociedad y cambian de la mano con ella, al igual que los paradigmas. Tomaré a North (1993), quien realizó un estudio sobre las instituciones como eje fundamental para lograr un crecimiento económico sostenido. Si bien discrepo con este enfoque, realiza un análisis del cambio institucional que puede ser de utilidad para interpretar el cambio de paradigma. Plantea que “Marginalmente los cambios pueden ser tan lentos y graduales que debemos echarnos hacia atrás en la historia para percibirlos. (…) generalmente las instituciones cambian de un modo incremental, no de un modo discontinuo” (North, 1993, p. 17).

Entiendo que es plausible que los paradigmas se comporten de manera similar, siendo que tal como la sociedad y su entorno varían gradualmente (aunque cada vez más rápido), los paradigmas que generamos lo hacen del mismo modo. De esta manera, la única forma de que se efectúe un cambio “radical” es la generación de una crisis que nos descoloque por completo y nos obligue a cambiar repentinamente nuestros hábitos y nuestra manera de comprender el mundo que nos rodea. Si bien esta situación no es ciertamente imposible, decidiré plantearme en el camino de lograr un cambio gradual, ya que de otra manera la única propuesta que podría llevarse a cabo para lograr un cambio de paradigma sería acelerar el proceso que nos lleve a una crisis.

Continuando el análisis, el autor plantea que los que “realizan” los cambios  institucionales son los “organismos”. Si entendemos que las instituciones son las reglas de juego, los organismos serían entendidos como los jugadores. Éstos, pueden jugar bajo las reglas de juego, o hacer trampa (lo cual puede incluir una sanción). Es el cambio de estos organismos lo que va de la mano con el cambio institucional: los organismos se adaptan a las reglas de juego, pero las reglas de juego también se adaptan a los organismos. A su vez, la relación entre organismos que se rigen por diferentes reglas de juego, generarían un nuevo esquema de relacionamiento, que tendería a modificar ambas instituciones.  Un organismo puede ser entendido como una empresa, un Estado, ciudadanos asociados, o tribus indígenas que interactúan entre sí bajo un cierto marco de referencia. Bajo este concepto tan amplio de instituciones, no resulta difícil realizar una comparación para comprender el cambio de paradigmas.

Entiendo que nos encontramos ante un mundo cada vez más globalizado, donde los riesgos y externalidades generadas afectan no sólo un sector de la población, ni se limita por fronteras, sino que las puede recibir cualquier persona en cualquier parte del mundo. Retomando a Guimaraes, “El nuevo paradigma de desarrollo al que se hizo referencia recién nace del reconocimiento de que la humanidad atraviesa una crisis sin precedentes. Una crisis que es a la vez generalizada cuyos orígenes y alternativas de solución trascienden las fronteras nacionales”. “Pese a la magnitud de este desafío, lo que justifica una mirada optimista hacia el futuro es precisamente el hecho de que los problemas antepuestos son globales, es decir, no sólo afectan a todos por igual, sino que, las posibles soluciones requieren del concurso de todos actores, tanto al interior de cada nación como internacionalmente” (Guimaraes, 1998, p.22).

 

“la naturaleza humana será la última parte de la Naturaleza a rendirse al hombre… y los sometidos a su poder ya no serán hombres: serán artefactos. La conquista última del Hombre será de hecho la abolición del hombre…” (Lewis, 1947).

Decrecimiento_726

http://www.mundolibertario.org/archivos/imagenes/Decrecimiento_726.jpg

Bibliografía

-Arocena y Sutz (2003), Subdesarrollo e Innovación. Navegando contra el viento. Divisorias Nuevas y Viejas. Capítulos 6 a 8. Editorial OEI.

-Guimaraes (1998), Modernidad, medio ambiente y ética, Serie Ensayos, ILPES. Disponible en: http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/7377/S9710843_es.pdf?sequence=1

-Hirschman (1961), La estrategia del desarrollo económico, Fondo de cultura económica, México D. F..

-Landes (1979), Progreso técnico y Revolución Industrial, Capítulo 1. Editorial TECNOS, Madrid.

-Lewis (1947), The abolition of man: How Education Develops Man’s Sense of Morality. Nueva York, Macmillan Publishing Company.

-Nisbet (1976), Cambio social e historia. Aspectos de la teoría occidental sobre el desarrollo, Editorial Hispano Europea, Barcelona.

-North (1993), Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. Fondo de cultura económica de España, México D. F..

-Nurkse (1955), Problemas de formación de capital en los países insuficientemente desarrollados, Fondo de cultura económica, México D. F..

-Rostow (1960), Las etapas del crecimiento económico: Un manifiesto no comunista, Fondo de cultura económica, México D. F..

-Séneca, Epistulae Morales, trad. por Richard M. Gumere (1920), Londres, The Loeb Classical Library, sec. 71.

2 comentarios en “El hombre como parte del todo. Un breve y acotado análisis del biocentrismo.”

  1. Muy interesante el planteo d crecimiento lineal del ser humano contrapuesto al crecimiento cíclico de la naturaleza que implica además de la acumulación infinita de bienes el rechazo a la muerte y la vejez. Excelente ensayo

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  2. “Entiendo que en esta separación ontológica con el resto de la naturaleza nos hemos alienado, nos hemos considerado ajenos a ella y nos consideramos en una situación de superioridad con respecto a la misma.”
    “…mientras sigamos considerando el desarrollo como un proceso de nuestra especie que no integre el entorno, este desarrollo no será sostenible.”
    Excelentes reflexiones, a veces es necesario mirar tener una mirada critica sobre nosotros en pos de mejorar.

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