Economía del desarrollo

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 CONSTRUCCION DE LA IDEA DE DESARROLLO

«Cada sociedad y cada época tienen su propia formulación de qué es el desarrollo». De una manera simple pero ilustrativa, podría decirse que el moderno concepto de desarrollo apareció a mediados del siglo xx con una fuerte impronta economicista; que desde fines de los años sesenta ha surgido un conjunto de críticas a ese reduccionismo económico, y que en los últimos treinta años se ha ido gestando una concepción más integral y compleja del fenómeno. Todo esto sin olvidar que de manera paralela fue surgiendo una corriente que cuestiona la idea misma de desarrollo (el postdesarrollo)[1]

Es cierto que vestiglos del concepto de desarrollo se pueden ver implícitos en las ideas de varios de los pensadores de la Ilustración europea del siglo XVIII y más aún en la obra de los economistas clásicos. El hecho de que Adam Smith estudiara con detenimiento el origen de la riqueza de las naciones y los planteos de Marx respecto al proceso dialéctico que conduciría a una sociedad sin explotados ni explotadores, son ejemplos de la importancia que tenían las preocupaciones sobre el futuro y el bienestar de la humanidad, en sus respectivas teorías.

En el siglo XIX por su parte, con el avance del positivismo en la ciencia, la idea del progreso dominó las visiones respecto a la dinámica del desarrollo de las sociedades humanas. Era imaginable que las condiciones de vida de la humanidad mejorarían con el paso del tiempo, como consecuencia de los avances en la ciencia. Como consecuencia de estas concepciones se fueron gestando desde la segunda mitad de ese siglo acciones imperialistas de un carácter cuasi mesiánico, mediante las cuales los países “mas ricos” les llevarían los beneficios de la civilización a los países más “atrasados”.

Sin embargo el auge de la palabra desarrollo y principalmente de la economía del desarrollo, es relativamente reciente. Antes de la segunda guerra mundial esta palabra era utilizada con un sentido muy diverso. El concepto proviene de otros campos, siendo por ejemplo frecuentemente usado en la biología para referirse a las etapas de crecimiento y maduración de un ser vivo. En las ciencias sociales el desarrollo actualmente alude a un amplio abanico de asuntos académicos y prácticos que desde mediados del siglo XX contienen un importante tinte económico. Así es que en la actualidad  los significados usuales de la palabra desarrollo apuntan a los avances y progresos en el campo económico y social. La Real Academia Española presenta al desarrollo como una acepción económica entendida como la “evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida”, mientras que, cuando se lo refiere a las personas, se lo define como “progreso, bienestar, modernización, crecimiento económico, social, cultural o político”, En definitiva el concepto de desarrollo se encuentra muy interconectado con la idea de incrementar, agrandar, ampliar  aumentar o extender, alguna característica de algo físico o intelectual.

Como se dijo, el concepto moderno de desarrollo, y en particular la llamada “economía del desarrollo”, se popularizó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Se delimitaron ideas con un sustento teórico en la economía y fueron presentadas como respuestas prácticas frente a desafíos tales como la pobreza y la distribución de la riqueza. Por un lado se distinguieron los países desarrollados, y por el otro los países subdesarrollados, entre los cuales se encontraban los países latinoamericanos. Usualmente se hace referencia al discurso del presidente Harry Truman, en su asunción presidencial del  20 de enero de 1949, como el ejemplo más contundente de la implantación de este modelo, en el cual  los países del sur “subdesarrollados” deben seguir los mismos pasos que las naciones industrializadas. El discurso de Truman, conocido como Four Point Speech, se centraba en cuatro puntos sobre los que girarían los objetivos de la política estadounidense durante su periodo de gobierno: En primer lugar se planteaba continuar con el apoyo inquebrantable a las Naciones Unidas y organismos conexos, y seguir buscando formas de fortalecer su autoridad y aumentar su eficacia. En segundo lugar, se afirmaba que se iba a continuar con los programas de recuperación económica mundial. El tercer punto del discurso hacía referencia a la intención de apoyar a “las naciones amantes de la libertad contra los peligros de agresión” y finalmente el cuarto punto, y el que es de nuestro interés en este artículo, establecía la necesidad de iniciar un “programa nuevo y audaz para lograr que los beneficios de nuestros avances científicos y el progreso industrial estén disponibles para la mejora y el crecimiento de las regiones subdesarrolladas”.

https://www.youtube.com/watch?v=PXE-u4WanMI (Discurso Truman)

Además del famoso discurso de Truman, anteriormente ocurrieron dos acontecimientos políticos muy importantes, en los cuales se pueden apreciar los primeros vestigios de esta nueva economía del desarrollo. Esto fueron: la carta del atlántico del año 1941 y la declaración fundacional de las naciones unidas de San Francisco en 1945. La Carta del Atlántico fue una declaración conjunta suscrita en agosto de 1941, en la que Intervinieron el Presidente Franklin Delano Roosevelt en representación de Estados Unidos y Winston Churchill por parte de Gran Bretaña. En ella se manifiesta la intención de  «hacer conocer ciertos principios comunes en la política nacional de sus respectivos países, en los cuales descansan sus esperanzas de lograr un porvenir mejor para el mundo». En la declaración de San Francisco por su parte el concepto de economía del desarrollo no aparece explicitado en los propósitos de las naciones unidas, pero si asoma en el capítulo IX, que habla de la necesidad de promover la cooperación económica y social para lograr más altos estándares de vida, pleno empleo y condiciones de progreso económico y social y desarrollo.

Paralelamente a estos eventos políticos, en el plano académico, las formulaciones teóricas acerca del desarrollo, ya eran casi indistinguibles de las del crecimiento económico. Incluso ambos términos aparecían intercambiados en más de una oportunidad. De esta forma la idea de desarrollo fue quedando atada a la idea de crecimiento económico y a esté quedaron subordinados los temas del bienestar humano, ya que se consideraba que la desigualdad y la pobreza se resolverían por medios económicos. Las teorías hegemónicas acerca del crecimiento económico, entendían que la manera de alcanzar el desarrollo, era principalmente a través de la acumulación de capital físico. Se sostenía que un aumento del producto interior bruto per cápita reduciría la pobreza e incrementaría el bienestar de la población. Esta premisa se basaba en que, para una mayor producción per cápita, el ingreso por persona sería mayor y, a más ingreso mayor seria también el bienestar económico, ya que se ven incrementadas las posibilidades de consumo de la población. Es decir, el desarrollo quedaba directamente ligado con la idea de crecimiento económico y el bienestar humano quedaba reducido a la capacidad de consumo. Desde ese tipo de posturas se fue generando una fuerte insistencia en apelar a indicadores como el Producto Bruto Interno, que pasaba a ser considerado como la medida más adecuada para reflejar el estado de la economía de un país, convirtiendo su incremento en una meta en sí misma, dejando a un lado la atención a indicadores que estuvieran más relacionados con la calidad de vida de la población, ya que como se dijo estos avances estaban determinados simplemente por incrementos del producto. Como apunta Keith Griffin en su ensayo “Desarrollo humano: origen, evolución e impacto, “el crecimiento se convertía no sólo en el medio para alcanzar el desarrollo, sino en el fin del desarrollo mismo.”[2]

Para el economista estadounidense Walt Whitman Rostow ese crecimiento al que debían apuntar los países subdesarrollados para alcanzar a los más avanzados, atravesaba una serie de etapas, en las cuales los países más atrasados debían seguir el ejemplo de las economías más avanzadas. “Es posible clasificar todas las sociedades, teniendo en cuenta sus aspectos económicos, en cinco categorías: sociedad tradicional, precondiciones para el despegue, camino hacia un crecimiento autosostenido, camino hacia la madurez y etapa de alto consumo. Estas etapas no son solo descriptivas; no son una mera forma de generalizar las observaciones de ciertos hechos sobre la secuencia del desarrollo en sociedades modernas, sino que tienen su propia lógica interna y continuidad. Estas etapas constituyen finalmente tanto una teoría sobre el crecimiento económico como una teoría más general (aunque todavía muy parcial) de toda la historia moderna”.[3]

LAS ETAPAS DE ROSTOW

En la teoría de Rostow, las sociedades tradicionales, se caracterizan principalmente por la preponderancia de las actividades de subsistencia. Prácticamente la totalidad de la producción está destinada al  consumo y no al comercio. El comercio solo se desarrolla a pequeña escala y en base a sistemas de intercambio de mercancías, a modo de trueque. La inversión de capital en la economía es escasa, lo cual contrasta con la gran cantidad de mano de obra necesaria para la producción, la cual se enfrenta además a determinados obstáculos, como la falta de los conocimientos técnicos adecuados para el incremento de la producción. Las condiciones previas para el impulso inicial se darían durante un periodo de transición, durante el cual la sociedad tradicional adquiere aptitudes para aprovechar en mayor medida los conocimientos científicos y el uso de la tecnología, como forma de neutralizar los rendimientos decrecientes de los factores de producción. En esta etapa se constituye un estado nacional centralizado y eficaz, se modernizan las instituciones y se difunde la idea de progreso. En definitiva se desarrollan los cambios institucionales fundamentales para lograr un incremento sostenido de la productividad y posibilitar una expansión del comercio. Las sociedades pasarían luego a una tercera etapa que Rostow denomina como  la etapa de despegue o de impulso inicial. En esta etapa se produce un rápido crecimiento de un grupo de sectores de actividad, que aprovechan el uso de tecnologías modernas y de técnicas avanzadas de producción. Estos sectores “guía” actúan difundiendo el desarrollo tecnológico hacia los restantes sectores de actividad. Pasada esta etapa se llega a un periodo que se puede denominar como de “marcha hacia la madurez”. Rostow la define como  el periodo en que una sociedad ha aplicado eficazmente todas las posibilidades de la tecnología moderna al conjunto de sus recursos”.  Esta etapa se caracteriza por un largo periodo de progreso sostenido, (aunque con fluctuaciones en el corto plazo), en el que la tecnología se difunde cada vez más hacia todos los sectores de actividad de la economía, ya que el marco institucional es favorable para esta expansión tecnológica, impulsando así el crecimiento generalizado de la sociedad y por ende el deseado progreso. Finalmente las sociedades alcanzan como meta final, lo que Rostow denomina la “era del alto consumo masivo”, que se caracteriza por un crecimiento relativo importante del sector de servicios y de las industrias productoras de bienes de consumo, debido a la mayor demanda interna, como consecuencia del incremento del ingreso. En esta etapa surge la figura de un estado benefactor y se vuelven centrales los objetivos de bienestar y de seguridad social

De esta manera, como consecuencia de distintas decisiones políticas que se llevaron a cabo luego de la segunda guerra mundial y con el avance de las teorías neoclásicas de crecimiento en el plano académico, se consolida desde mediados del siglo XX un concepto del desarrollo con un fuerte sesgo eurocéntrico, que es percibido como un proceso de evolución lineal (Rostow), esencialmente económico, en el cual a través de la apropiación de recursos naturales y siguiendo principios de eficiencia y de rentabilidad económica, se orienta a los países considerados como subdesarrollados, a emular el estilo de vida de los países desarrollados.

Frente a esta primacía de las teorías neoclásicas de crecimiento económico,  y esa visión consolidada  del desarrollo, comenzaron a aparecer desde la década del 60 distintas visiones heterodoxas, que tenían en cuenta el problema del crecimiento ilimitado en un planeta de recursos finitos y se proponían buscar alternativas a este sistema económico considerado insostenible. Un ejemplo es la termoeconomía, teoría que fue desarrollada por el estadístico y economista Nicholas Georgescu Roegen. En líneas generales, se puede decir que su trabajo está basado en aplicar el segundo principio de la termodinámica (la ley de la entropía) al proceso económico. Esta ley sostiene que, en todo movimiento de energía, siempre hay una parte de la energía que se degrada y que se pierde para el aprovechamiento humano. “Durante el uso de materiales, siempre hay una parte que se degrada y que es imposible de recuperar, ni con los métodos más futuristas de reciclado“4. La conclusión más importante a la que arriba es que el crecimiento económico no es la solución a los problemas económicos, y es la principal causa del problema ambiental: “Es imposible un crecimiento exponencial indefinido en un medio ambiente que es finito.”5

También otros autores como Herman Daly siguieron la línea de Georgescu Roegen. Daly criticó la “manía del crecimiento” o la actitud de la teoría convencional, la cual a partir del supuesto de que las necesidades humanas son infinitas, establece que la obligación del sistema es producir continuamente mayor cantidad en un mundo sin fin, proponiendo el crecimiento económico como solución a los problemas de pobreza, desempleo, inflación, desequilibrios de la balanza de pagos, agotamiento de recursos y contaminación, todos ellos  problemas creados en buena parte por el propio crecimiento. Estas perspectivas fueron retomadas en la actualidad por autores como Robert Ayres y uno de los principales expositores de lo que se conoce en Europa como la teoría del decrecimiento el francés Serge Latouche.

CLUB DE ROMA, LOS LÍMITES AL CRECIMIENTO Y CRÍTICAS DESDE AMÉRICA LATINA

A mediados del siglo XX, poco tiempo después de difundirse las ideas sobre el desarrollo comenzaron a aparecer las primeras críticas. Gudynas en “Debates sobre el desarrollo y sus alternativas en América latina, una breve guía heterodoxa” (2011), nos advierte que esas mismas metas de desarrollo de los años 50, “ se escuchan hoy en día en América Latina nuevamente  desde las más variadas tiendas políticas, dejando en claro que la cuestión del desarrollo sigue abierta”[6]. Además, recuerda que el economista brasileño Celso Furtado desde hace ya varias décadas advertía que el desarrollo no era más que un mito enfocado en “objetivos abstractos como son las inversiones, las exportaciones y el crecimiento”.[7] Furtado además agregaba que el desarrollo económico, entendido como la idea de que “los pueblos pobres podrán algún día disfrutar de las formas de vida de los actuales pueblos ricos” es “simplemente irrealizable y que esa idea fue utilizada  para “movilizar a los pueblos de la periferia y llevarlos a aceptar enormes sacrificios, para legitimar la destrucción de formas de cultura arcaicas, para explicar y hacer comprender la necesidad de destruir el medio físico, para justificar formas de dependencia que refuerzan el carácter predatorio del sistema productivo”.[8]

Mientras en América latina surgieron inquietudes como la de Furtado, en Europa las preocupaciones también aparecían, materializándose principalmente en el estudio realizado por el Club de Roma: “Los límites del crecimiento”. El club de Roma era una asociación privada compuesta por empresarios, científicos y políticos, que encargaron a un grupo de investigadores del  Massachusetts Institute of Technology (MIT) bajo la dirección del profesor Dennis L. Meadows, la realización de un estudio sobre las tendencias y los problemas económicos que ellos entendían, amenazaban a la sociedad global. El informe no era una evaluación del estado del ambiente, sino que su objetivo principal era el de analizar las tendencias globales de crecimiento en cuanto a la población mundial, la industrialización, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales. El informe cuestionaba directamente la idea de un desarrollo que pudiera lograrse a través del crecimiento perpetuo, ya que eso sería incompatible tanto con la finitud de los recursos, como con la capacidad de carga del planeta. Los resultados fueron publicados en marzo de 1972 bajo el título “Los Límites del Crecimiento”. En definitiva la tesis principal del estudio, es que en un planeta finito, las dinámicas de crecimiento exponencial  tanto de la población como del producto per cápita no son sostenibles en el largo plazo, al chocar con los límites que el planeta impone (recursos naturales no renovables, finitud de la extensión de tierras aptas para el cultivo, capacidad limitada para la absorción de residuos, etc). Al modelar las tendencias se encontró que se alcanzarían “los límites del crecimiento en el curso de los  próximos cien años”, donde el “resultado más probable sería un súbito descenso tanto de la población como de la capacidad industrial”. El informe dejaba en evidencia que la tendencia a un crecimiento exponencial de la población, el incremento de la industrialización y la consecuente contaminación que esta genera, y el consumo desproporcionado de los recursos, chocarían contra los límites planetarios anteriormente señalados. Las intenciones del informe del Club de Roma no eran las de plantear un futuro catastrofista oscuro e inevitable para la humanidad, sino la de enviar una clara señal de que el sistema económico imperante era insostenible y era más que necesario un cambio radical en las formas de producción y consumo de la sociedad ya que además de ser incompatibles con las características físicas del planeta, el estilo de vida creado por el capitalismo industrial sería siempre privilegio de una minoría.

“Los límites de los que hablamos son límites dinámicos y no pueden ser fechados con exactitud. Estos pueden ser elevados por el hallazgo de nuevos recursos o reservas, por la invención de nuevas tecnologías energéticamente más eficaces o por un cambio en los hábitos de producción-consumo”.[9]

“La situación actual de nuestra civilización, alimentada por el discurso dominante del pensamiento único, frena el tan deseado cambio. Nuestra realidad es el imperio de la “sociedad de consumo”, asociada a la idea de bienestar, al sobre-consumo de bienes y servicios, y donde hemos sustituido la necesidad por la demanda, privilegiando lo no necesario. Un sistema capitalista al servicio de un modelo socioeconómico que reduce el concepto de riqueza a lo estrictamente monetario y no conoce límites. El crecimiento se ha convertido en la “religión oficial” de la mayoría de los países [desarrollados o en vías de desarrollo], un fundamentalismo muy peligroso, constituyendo el dogma de fe de la cultura capitalista”.[10]

En aquellos años, el impacto de esas conclusiones fue enorme, y después de la publicación, distintos economistas, científicos y políticos de variadas corrientes ideológicas criticaron el análisis, tanto por sus conclusiones como por su metodología. Es así que el economista Robert Solow sostuvo que la predicción del informe estaba basada en datos con una base débil, mientras que otros críticos, seguramente afines al modelo de crecimiento económico planteado por el propio Solow y por Trevor Swan en la década del 50, argumentaban que en el informe no se tenían en cuenta las posibilidades de nuevos descubrimientos tecnológicos. Por su parte desde filas de la izquierda, especialmente desde la izquierda  latinoamericana, se tildó al informe de ser neomalthusiano, de renegar del papel de la ciencia para generar alternativas a los impactos ambientales causados, o de ser una simple manifestación de desarrollismo burgués o imperialista. Para varios intelectuales de izquierda se estaban atacando aspectos que ellos consideraban positivos, como la modernización, el aprovechamiento de las riquezas naturales latinoamericanas, y la propia idea del crecimiento. Es en este sentido que como iniciativa de varios de ellos se coordinó desde la Fundación Bariloche una respuesta, que se presentó como un modelo alternativo titulado: ¿Catástrofe o Nueva Sociedad? Modelo Mundial Latinoamericano en 1975.

La propuesta de Bariloche se centraba principalmente en que el problema no eran los límites físicos sino cuestiones sociopolíticas, las que provocaban una distribución desigual de poder tanto entre los países como al interior de ellos. El modelo planteaba como solución se una sociedad socialista, basada en la igualdad y la plena participación de todos los seres humanos en las decisiones sociales, donde se regularía el consumo material. Esta propuesta significó sin dudas un avance muy importante, pero sin embargo no logró complementar las críticas tradicionales que se hacen desde el socialismo al sistema de producción capitalista, con los impactos ambientales que este genera. De todas formas se alcanzaron importantes conclusiones, ya que se rechazaba el patrón de desarrollo de los países ricos, pero también se propusieron alternativas cuestionables como el uso extendido de la energía nuclear o ceder en forma masiva  las áreas naturales a la agricultura, sin considerar los serios impactos en la biodiversidad que esto tendría, dejando la preocupación ambiental para una etapa posterior. Se puede decir que este modelo en cierta manera acepta un  desarrollo que también está basado en el crecimiento económico, aunque sea por otros medios y con diferencias en cuanto a las formas de tenencia de propiedad de los medios de producción, pero no cuestiona el carácter productivista y la insostenibilidad de estas lógicas de producción en el mediano y largo plazo.

Luego de más de tres décadas de este documento y con la experiencia actual de los  gobiernos progresistas en la región, que en general no se despegaron de los tradicionales modelos de desarrollo, sino que por el contrario se limitaron a cumplir solamente con la tarea de mitigar y compensar alguno de los aspectos negativos del sistema económico, buscando disfrazarlo como una especie de “capitalismo benévolo”, las izquierdas latinoamericanas podrían tomar esto como un aprendizaje e intentar incorporar la preocupación ambiental a sus postulados. Frente al contexto de crisis ambiental mundial al que nos enfrentamos, es un buen momento para que se superen de una vez por todas los viejos prejuicios que siempre han existido frente al ecologismo por parte de la izquierda (no siempre injustificados, ya que buena parte de los movimientos ecologistas a nivel mundial han sido desde sus orígenes funcionales al sistema económico imperante). Igualmente esto debería dejar de ser un impedimento para poder comenzar a trabajar en una estrategia ecosocialista (como ya está sucediendo en algunos países europeos desde algunos grupos herederos de los movimientos antiglobalización de inicios del siglo XXI) y asi finalmente podamos cambiar de rumbo y sustituir este modelo económico y social tan dañino tanto para el planeta como para la gran mayoría de las personas que lo habitan.

Matias Prieto

1- Bertoni, Castelovo, Cuello, Fleitas, Pera , Rodriguez , Rumeau, ¿Que es el desarrollo? ¿Como se produce? ¿ Que se puede hacer para promoverlo?, 2011,  Facultad de Ciencias Sociales (Udelar)

2 Griffin, Desarrollo humano: origen, evolución e impacto

3 Rostow Las etapas del crecimiento económico, un manifiesto no comunista, 1960

4 Georgescu Roegen, La ley de la entropia y el proceso económico, 1971

5 Georgescu Roegen, La ley de la entropia y el proceso económico, 1971

6- Gudynas, Debates sobre el desarrollo y sus alternativas en América Latina: Una breve guía heterodoxa, 2011

7- Gudynas, Debates sobre el desarrollo y sus alternativas en América Latina: Una breve guía heterodoxa, 2011

8- Furtado, Desarrollo y subdesarrollo, 1971

9-  Zapiain Aizpuru, “Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la Humanidad” Reseña, UNFPA ,2002

10- Zapiain Aizpuru, “Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la Humanidad” Reseña, UNFPA ,2002

REFERENCIAS

Bertoni, Castelovo, Cuello, Fleitas, Pera , Rodriguez , Rumeau, ¿Que es el desarrollo? ¿Como se produce? ¿ Que se puede hacer para promoverlo?, 2011,  Facultad de Ciencias Sociales (Udelar) http://prebisch.cepal.org/sites/default/files/Manual%20Qu%C3%A9%20es%20el%20Desarrollo%20Bertoni%20et%20al.pdf

Griffin, Desarrollo humano: origen, evolución e impacto

Rostow Las etapas del crecimiento económico, un manifiesto no comunista, 1960

Georgescu Roegen, La ley de la entropia y el proceso económico, 1971

Gudynas, Debates sobre el desarrollo y sus alternativas en América Latina: Una breve guía heterodoxa, 2011 http://www.gudynas.com/publicaciones/capitulos/GudynasDesarrolloGuiaHeterodoxaFRLQuito11.pdf

Furtado, Desarrollo y subdesarrollo, 1971  Zapiain Aizpuru, “Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la Humanidad” Reseña, UNFPA ,2002

Meadows, D.H.; Meadows, D.L.; Randers, J; Behrens, W, “Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la Humanidad”  (1972) http://www.donellameadows.org/wp-content/userfiles/Limits-to-Growth-digital-scan-version.pdf

Fundación Bariloche, Modelo mundial latinoamericano, 1976 http://nuso.org/media/articles/downloads/210_1.pdf

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