No ​ ​ es ​ ​ cuento ​ ​ chino: ​ ​ algunos ​ ​ retos ​ ​ para ​ ​ el ​ ​ liderazgo ​ ​ de ​ ​ la ​ ​ RPCh

No es cuento chino: algunos retos para el liderazgo de la RPCh

Kail Márquez García

La celebración del XIX Congreso del Partido Comunista de China en octubre de 2017 es un hito de trascendencia internacional, en función del creciente y fundamental rol que ocupa esta potencia como actor en el sistema internacional. Dentro de las metas a largo plazo propuestas por el presidente Xi-Jinping se encuentra que entre 2020 y 2035 el país “ocupará un lugar en las primeras filas de los países innovadores” y de ahí hasta 2050 la nación china “se erguirá entre todas las naciones del mundo”. Las inmensas desigualdades y los problemas que enfrentan los países en desarrollo interpelan al liderazgo histórico de EE.UU. y su capacidad para estabilizar el sistema. Este artículo se propone entonces, en el campo internacional explorar algunos desafíos que enfrenta la República Popular China (RPCh) como nueva potencia mundial a partir del desarrollo de sus alianzas estratégicas con los países del sur, la cuestión del libre comercio y la seguridad internacional.

 

Sobre las relaciones con los países del Sur

Tras la ruptura con el campo socialista y la formulación de la teoría de los tres mundos, una de las preocupaciones centrales en la política exterior era el establecimiento de alianzas estratégicas; en el caso de la región latinoamericana-caribeña este estatus le pertenece a Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Venezuela. Las giras a la región de las autoridades de la RPCh han sido guiadas por cuatro principios del Sur para el Sur: paz y amistad, apoyo mutuo, igualdad y beneficio mutuo y búsqueda de progreso común.

Para profundizar en esto, se toma la relación de China con Brasil como ejemplo generalizable. Tras volverse el primer socio comercial en 2009, se consolida un vínculo de proveedor de recursos naturales funcionales a la modernización del otro. Desde que se vislumbra el fin del mundo unipolar y se transita hacia uno multipolar, la opción exterior de Brasil por la autonomía mediante diversificación se posibilitó por los mayores márgenes de autonomía relativa experimentados y por la aparición de otros actores de relevancia en el plano mundial. (Vigevani-Cepaluni 2007) No obstante, como señala Busili (2017) sobre la composición de las exportaciones brasileñas a China se puede observar: “(…) una importante concentración en tres productos primarios: granos de soja, mineral de hierro y petróleo crudo (…).” Esto nos remite a lo que señala el teórico cepalino del sistema centro-periferia Prebisch, para quien la modernización en la periferia debía romper la reproducción de la lógica donde las exportaciones se concentran en pocos productos primarios. Un último punto es la cuestión referente a los cambios en el sistema financiero mundial con la reforma de las instituciones de Bretton Woods y la creación de nuevas instituciones como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de la alianza BRICS. Si bien existe una retórica acerca de los no condicionamientos ni imposiciones de los segundos, recientemente fue expulsado el director brasileño del NBD, el ec. Paulo Nogueira, por “no mantener la neutralidad política” cuando según él sólo comentó cuestiones relativas al proceso de impedimento de la expresidenta Rousseff por crimen de responsabilidad y lo fundamental de probar dicha configuración y lo atribuye a presiones políticas del Gobierno brasileño.

 

Sobre la promoción del libre comercio

El Foro Económico Mundial se reúne anualmente en Davos, Suiza. Este año, las declaraciones del presidente Xi fueron portada de la prensa mundial, al hacer un llamado a mantener el libre comercio y la globalización. También rechazó cualquier guerra comercial basada en el proteccionismo; y guerras monetarias basadas en devaluaciones artificiales -estas últimas intenciones confirmadas en los hechos este año por el departamento del Tesoro estadounidense-. Volviendo al libre comercio, resulta pertinente preguntarse qué es lo que busca este discurso, por lo cual se retoman los aportes del economista Ha-Joon Chang: “(…) Los países que propagan la visión del libre comercio parecen estar de hecho dando la patada a la escalera que ellos utilizaron para llegar a la posición privilegiada que ahora ocupan.” (Ha-Joon Chang, 2013:51)

En este sentido, frente a la cancelación del mega acuerdo Trans-Pacífico (TPP) por parte de EEUU, la RPCh ha fortalecido el impulso de un cerco propio en su zona de influencia llamado Acuerdo Regional Comprehensivo de Economía (RCEP, siglas en inglés).

 

Sobre la seguridad internacional

En cuanto a la participación de la RPCh en Misiones de Pacificación del Consejo de Seguridad de la ONU, inició en 1990 con observadores desarmados hasta hoy que participa directamente en nueve misiones con más de dos mil quinientos efectivos. Mediante esta colaboración con la seguridad internacional busca ganar influencia y mejorar su imagen. Si bien esto significa la defensa del multilateralismo como forma de ejercer la diplomacia, también es cierto que con respecto a las luchas por el control del mar de China meridional, la RPCh ha tomado acciones unilaterales como la construcción de bases militares en aguas en disputa.  La seguridad internacional ha sido uno de los grandes temas de la agenda del siglo XXI, por lo cual es importante señalar que la RPCh no ha ocupado un lugar central en la lucha contra el terrorismo y el crimen transnacional, al menos en términos relativos. No había desarrollado bases militares en el extranjero hasta la construcción de una en el cuerno del África (exactamente entre el mar Rojo y el golfo de Adén), en Djibouti. Se menciona en la literatura internacionalista que se ha desarrollado un orden post-westfaliano en donde el principio de intervención humanitaria sustituye al de soberanía, esto significa para la política exterior china una clara tensión acerca de la no intervención en asuntos internos.

 

Reflexiones

En líneas generales desde la RPCh se propone para el siglo chino un liderazgo no hegemónico que ofrezca estabilidad para continuar desarrollando la mundialización. En este artículo, no se abordó la política interna, sin dudas estudio necesario para profundizar en el entendimiento de la RPCh. No obstante, a nivel internacional, se observan comportamientos contradictorios a la hora de lo que se promete con grandes inversiones de capital chino y los procesos-resultados en término de desarrollos nacionales que garanticen mayores niveles de autonomía y soberanía. Así como los avisos de que no se generará una nueva hegemonía o un neo-imperialismo empiezan a aparecer desembarcos de fuerzas militares chinas en el extranjero, sin dudas un acontecimiento, al decir de Duroselle (1998), cuya evolución como nuevo fenómeno histórico deberá ser seguido de cerca. El nuevo liderazgo chino se enfrenta a estas y otras contradicciones, ante las cuales los países del Sur tendrán que desarrollar sus estrategias prospectivas para no caer en cuentos chinos.

Referencias

– Busili, Virginia (2017) La alianza estratégica entre Brasil y China, y sus relaciones económicas bilaterales.

– Chang, Ha-Joon (2013) Patada a la escalera: la verdadera historia del libre comercio. en Ensayos de Economía, n° 42. Enero-Junio.

– Duroselle, Jean (1998) “Todo imperio perecerá. Teoría sobre las relaciones internacionales.” México.

– Ríos, Xulio (2008) China y las misiones de paz de naciones unidas. Observatorio de la Economía y la Sociedad china.

– Vigevani, Tulio y Cepaluni, Gabriel (2007) A política externa de Lula Da Silva: A estratégia da Autonomia pela Diversificaçao. Contexto Internacional, Rio de Janeiro, vol. 29, nº 2, julio-diciembre 2007, p. 273-335.

Yemen, punto caliente entre el cuerno africano y la península arábiga.

Yemen, punto caliente entre el cuerno africano y la península arábiga

Kail Márquez García (estudiante avanzado de la lic en Desarrollo – FCS)

Introducción

Este artículo se propone aportar al estudio del conflicto bélico cívico-militar que acontece en Yemen, sus raíces históricas y causas inmediatas, así como un intento por situar al Estado surgido tras la reunificación en el tablero geopolítico del mundo árabe y Asia occidental. Desde 2015, han fallecido a causa de la guerra entre 11,4 mil personas -la mitad civiles-, así como 170 mil yemeníes se encuentran refugiados en países vecinos;  3,5 millones de desplazados internos y 300 mil menores de 5 años que se encuentran al borde de la inanición.

En pos de una contextualización, Yemen se compone de casi 27 millones de habitantes, una población media para el mundo árabe, pero con un economía atrasada ubicándose medallista entre los países árabes de menor desarrollo económico. En términos religiosos, se estima que poco más de la mitad adhiere al Sunismo, y que 45% se identifica con el Shiismo, ambos distribuidos más o menos como espejos del Sur y del Norte, el resto sería de grupos minoritarios (judeos y cristianos).

Antecedentes – Colonialismo, Independencia, bipolaridad y reunificación

Haciendo una breve síntesis histórica, los avances imperiales británicos a fines del siglo XIX, establecieron un protectorado en el Sur hasta mediados de los sesenta, cuando evacuaron el territorio tras revueltas panarabistas y socialistas. Desde su creación en 1967, Yemen del Sur, primer estado socialista del mundo árabe, perteneció al bloque alineado al mundo soviético. El norte por su parte, tras el fin de la primera guerra mundial (y del imperio otomano), conformó una monarquía que fue desestabilizada por republicanos en 1968, cuando se crea la República del Norte de Yemen sustituyendo al régimen anterior. A pesar de las tensiones militares, conflictos bélicos ocasionales y rivalidades políticas, desde mediados de los años setenta, se llevaron a cabo conflictos de baja intensidad, pero también diálogos de paz para la reunificación, proceso que culmina en 1990 con la conformación de un Estado unitario de extracción Islámica. Desde entonces, en distintas elecciones legislativas y re-elecciones ejecutivas, el Partido del Congreso General del Pueblo (CGP), dirigido por el ex-jefe de estado de Yemen del Norte general Saleh (quién gobernaría 12 años en Yemen del Norte más 12 años luego de la unificación), hegemonizó la política de Yemen, generando una “élite gobernante” alejada de las bases sociales del régimen.

Antecedentes – De lo civil a lo militar: intensificación del nivel y frecuencia del conflicto sociopolítico (2004-2014)

Desde el 2004, así como una década antes surgían los nuevos zapatistas contra el TLCAN, en Yemen se levanta un movimiento sociopolítico que reclama un nuevo tipo de relación con el resto de las comunidades políticas del Estado, así como se denuncia la ilegitimidad del gobierno de Saleh por su destrato para con las minorías del norte.  En las cuatro regiones montañosas del Norte, donde viven mayoritariamente la población Zaidí (chii), se organiza el grupo Huties/Ansarallah -quienes apoyan a Dios-, que se venían formando desde los noventa en recuperar su historia familiar y territorial (“juventud creyente”) y sus valores islámicos: anti-sionistas, anti-estadounidenses y anti-salafismo. Sus miembros y adherentes se estima se han multiplicado por 100% una década después de 2005.

De pequeñas células salafistas actuando anteriormente, en 2008 se formaliza la insurgencia de al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) o Ansar al Sharia (Yemen). En esa época, EEUU comienza con los ataques mediante aviones no tripulados (drones) para realizar ejecuciones extrajudiciales, así como Arabia Saudita apoya la represión de la insurgencia Houthi. Las sucesivas guerras de Ansarallah contra el gobierno del CGP, el tribalismo suní-antihutí y el ejército saudí, generaron entre 2004-2010 ciento cincuenta mil desplazados internos y refugiados. Lo que acontece luego, en 2011, son protestas urbanas y revueltas multitudinarias contra la “dictadura familiar” de Saleh, por los efectos de la crisis socioeconómica, así como por la desigualdad interregional en el país. Por su parte, actores como Arabia Saudita y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), luchaban con los hutíes en el norte, e inter-mediaban por una transición institucional pacífica. Saleh, luego de intentar con la represión, renunció y cedió la jefatura a su vicepresidente Abd Rabbuh Mansur Hadi, en un pacto promovido por los saudíes (que excluye políticamente a Ansarallah).

Entre 2012-2014, se desarrollan diálogos nacionales para la paz (supervisados por la ONU) pero antes de que se implementaran, el gobierno “legítimo” de Hadi es boicoteado, en mayor o menor medida, por los quitar subsidios al combustible y la voluntad de confederación del Estado (movimiento sureño). En 2014, en noviembre el CGP expulsó a Hadi de sus filas por discrepancias políticas, al tiempo que en cuestión de meses, el ejército de los huties sitia la capital Sanaa, y remueve al presidente mediante una victoria militar frente a las fuerzas de seguridad pro-hadi y a los Hermanos Musulmanes en Yemen. A inicios del 2015, el gabinete ejecutivo es disuelto y sustituido por un Consejo Supremo Revolucionario (CSR) que guiaría la transición y que es dirigido por Ansarallah pero no reconocido ni por los “Hermanos Musulmanes”, ni por el movimiento sureño confederado.

Entre los años 2011 y 2015, se movió la estantería del orden anterior, desde la caìda del régimen de Saleh, hasta la imposibilidad del siguiente régimen de consolidar su legitimidad para dominar, por lo que acabó con el mismo destino. Se abrió y desarrolló una gran crisis económica y social en el país (que aún azota), ahondando la internacionalización de las guerras yemeníes.

Actualidad – Entre la balcanización y la unidad nacional (2015-2016)

En marzo de 2015, la coalición liderada por los saudíes-CCG (Arabia Saudita, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, con el respaldo de Egipto, Marruecos, Jordania, Turquía y Sudán) da inicio oficial a la Operación Tormenta Decisiva en Yemen. En cuanto a los actores extra-regionales, Estados Unidos y el Reino Unido participan en la supervisión de las operaciones, así como en la provisión de material bélico. A pesar de la resolución del euro-parlamento de bloquear esta provisión, según informa en 2016 el Centro de Estudios para la Paz: “(…) el principal destino de las armas españolas es (…) en especial Arabia Saudí, que acumula compras de armas por 546 millones de euros“, lo cual representa el 20% del total sus exportaciones de armamento. Tras el comienzo de la guerra, se produce una división del ejército nacional de Yemen entre aquellos leales a Hadi (están junto a tribus sunitas anti hutíes y a la coalición internacional) y los partidarios de Saleh (junto a las milicias huties). En cuanto a la dimensión comunicacional y propagandística, es importante señalar que la agencia estatal de noticias (SABA) pasó a manos de Ansar Allah en marzo del 2015, cuando Hadi saliera del país. Esto ha llevado a que se lanzara desde el reino saudí distintas estrategias comunicativas para contrarrestar la visión de los medios afines a los hutíes. Según Luisa Loveluck (2015), el bloqueo naval-aéreo y los bombardeos han generado escasez de gas y electricidad, generando problemas de abastecimiento a los Hospitales.

La guerra entre los tres polos: CPR, Hadi-CCG, Yihadistas, cada bando ha generado puestos de control militar de forma de asegurar su territorio de los bandos rivales. Los principales focos de enfrentamientos se encuentran entre las zonas del suroeste (pro Hadi/CCG) y del noroeste (CPR), tal como se puede apreciar en el mapa del Anexo. También en el norte en la frontera con los saudíes, donde el sur de la mayor potencia militar de la región se encuentra en un período de desestabilización y militarización por parte de la monarquía, así como las protestas de la comunidad shiita. Además, el conflicto se expande hacia el mar, por ejemplo, cuando en aguas arábigas un barco con armamento y ayuda humanitaria iraní fue amenazado por fuerzas estadounidenses y forzado a retornar a su origen. O cuando en el mar rojo, en octubre EEUU bombardea radares antiaéreos huties, justificándose en un ataque a sus posiciones navales desde tierra bajo la órbita de Ansarallah, lo cual algunos como Brandon Turbeville (2016) señalan de “ataque de falsa bandera” tras el alcance internacional de los bombardeos saudis a civiles yemeníes. La batalla de Taíz (ver mapa anexo), tercera ciudad más importante del país, ha sido un foco importante de choques, debido a encontrarse en un punto  de medio camino entre la capital Sana, el puerto Adén y el estrecho de Bab-el-Mandeb.

En 2016, entre agosto-noviembre, el CPR es sustituido por el Consejo Supremo Político (CSP), alianza entre Ansarallah y el CGP pro-Saleh. Durante este período fracasaron las negociaciones de paz en Kuwait, así como el alto al fuego acordado en Omán. Cabe resaltar que el inicio en octubre de casos de cólera llevó en dos meses a que la OMS declarara una epidemia con 4 mil casos comprobados. Debido al déficit de servicios sanitarios en la mayoría de las regiones del país, podrían llegar a verse contagiadas hasta diez millones de personas, entre desplazados internos (refugiados) y personas que viven en zonas donde la destrucción militar de la infraestructura ha generado un acceso hiper precario al agua, viéndose obligadas muchas comunidades a beber no potable. A fines de noviembre, a pesar de las quejas de la ONU, se ha anunciado un nuevo gobierno de “salvación nacional” dirigido por Ansarallah-CGP.

Reflexiones a partir del caso

En otro orden, es importante señalar algunas mediaciones que aportan conceptualmente para desentrañar el sentido de la actual guerra en Yemen. En la geopolítica el concepto “cuellos de botella” (Chokepoint), se aplica a canales y puntos estratégicos para el transporte marítimo, son espacios neurálgicos para el comercio, en particular para el petróleo, ya que cualquier shock u obstrucción afectaría grandes flujos de hidrocarburos. Algunos de los más importantes son: el Estrecho de Ormuz (golfo persa); de Malaca (sudeste asiático); Canal de Suez y de Panamá; Estrecho de Bab-el-Mandeb, daneses y turcos. Interesa detenerse, justamente, en el estrecho de Bab-el-Mandeb –puerta de las lamentaciones– que conecta el mar rojo al Norte con el golfo de Adén al Sur (así como hacia el mar arábigo y el océano Índico). Por allí, circulan diariamente un aproximado de 3,8 mbd de petróleo.  Además en su epicentro, en el pequeño Djibouti (o Yibuti) , la nueva superpotencia económica China comenzó en 2016 a construir su primer base militar oficial en el extranjero, para actividades de protección de los mares abiertos de ataques piratas y evacuación de sus ciudadanos en países con crisis políticas. En Yibuti también se encuentra la mayor base militar estadounidense en África: campo aéreo Lemonnier (4000 soldados, drones y aviones); Japón (12 hectáreas) e Italia (desde 2011) también cuentan con sus propias bases.

En cuanto a la disputa intra regional los saudíes se plantean prever cierres del estrecho de Ormuz por parte de Irán en futuros enfrentamientos, por lo que están interesados en construir un oleoducto transarábigo a través de Yemen, para salir al Océano Índico sin pasar por el golfo persa. Según el analista Michael Horton:

“Un oleoducto a través de Yemen proporciona a Arabia Saudí y a los Estados del Golfo que son sus aliados acceso directo al Golfo de Adén y al Océano Índico, le permitiría evitar el Estrecho de Ormuz, un lugar de paso obligado estratégico que Irán podría bloquear, al menos temporalmente, en un futuro conflicto.” (Horton, en Ahmed 2016)

Bibliografía y documentos

Anexo

Middle East Eye (2016) Mapa de Yemen, en base a información de Risk Intelligence. Actualizado el 21/11/16 (online) Disponible en: http://www.middleeasteye.net/news/clashes-yemen-ceasefire-nears-end-1199554852 (consultado el 28/11/16)

Glosario

CGP: Congreso General del Pueblo. / AQPA: Al-Qaeda en la Península Arábiga. / CCG: Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo. / CSR: Consejo Supremo Revolucionario. / CSP: Consejo Supremo Político.

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Frente a la ahistoricidad de la economía neoclásica, un analísis histórico de uno de sus supuestos fundamentales. La racionalidad económica y la búsqueda del interés personal.

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La “racionalidad” de los agentes económicos, entendida como la búsqueda del maximo beneficio posible en todo momento y ante cada situación, haciendo un uso perfecto de la información, con una determinada restricción presupuestaria, es uno de los supuestos clave del análisis microeconómico neoclásico, pero también es uno de los supuestos que generan más dudas y cuestionamientos. El hecho de que los agentes sean racionales a la hora de tomar sus decisiones, implica que los individuos tienden a maximizar su utilidad y a reducir sus costos o sus riesgos, procesando adecuadamente la información que conocen. De esta forma los consumidores por ejemplo, tratarán de lograr la mayor utilidad posible con el  ingreso que perciben; mientras que las empresas  buscarán maximizar sus utilidades.

Esta teoría de la elección racional, que supone un individuo guiado únicamente por su propio interés, el “homo economicus”, ha sido puesta en cuestionamiento por  muchos autores, desde muy variadas corrientes del pensamiento. Por ejemplo Amartya Sen, quien no se aparta en sus trabajos del marco analítico de la economía neoclásica, en  “Los tontos racionales”, pone en cuestión la eficacia de este supuesto para explicar la totalidad de los comportamientos de los individuos, reconociendo que no son capaces de explicar los comportamientos cooperativos o altruistas. De esta forma manteniendo los supuestos neoclásicos, pero introduciendo modificaciones sobre el plano de las preferencias, reconoce que en las interacciones sociales existen conductas que son guiadas por el compromiso o por el altruismo, las cuales no pueden ser explicadas por la teoría de la elección racional y hacen necesaria la elaboración de una estructura más compleja, que sea capaz de abarcar las distintas conductas de los individuos.

Para Amartya Sen (1976)

La teoría tradicional tiene muy escasa estructura, se asigna un ordenamiento de preferencias  a una persona, y cuando es necesario se supone que este ordenamiento refleja  sus intereses, representa su bienestar, resume su idea de lo que debiera hacerse y describe sus elecciones y su comportamiento efectivo (…) Una persona así descrita puede ser “racional” en el sentido limitado de que no revele inconsistencias en su comportamiento de elección , pero si no puede utilizar estas distinciones entre conceptos muy diferentes, diremos que es un tonto. En efecto el hombre puramente económico es casi un retrasado mental desde el punto de vista social (p 202)[1]

Otras críticas como las de  Herbert Simon, se centran en el hecho de que el homo-economicus es  un actor con demasiada comprensión económica a la hora de tomar decisiones, lo cual no coincide con lo que se observa empíricamente. En la práctica los agentes económicos tienen que enfrentarse a la incertidumbre y manejan información limitada, ya que sería imposible para un individuo estar plenamente informado de todas las circunstancias que afectan a sus decisiones.

La racionalidad maximizadora de beneficios del homo –economicus también ha sido criticada desde muchas otras corrientes económicas, podemos encontrar otros planteos con un espectro muy variado de enfoques, pasando desde la economía institucional, hasta por las teorías bioeconómicas de Nicholas Georgescu Roegen[2] o Herman Daly.

Sostiene Oscar Carpintero (2005)

Cabe dudar de la racionalidad económica convencional —basada en la maximización del beneficio empresarial o del bienestar individual a corto plazo— como una guía razonable para la gestión y asignación de los recursos naturales a largo plazo. Y es que la aparición en escena de la incertidumbre en el futuro y la utilización de la prudencia que «minimiza los remordimientos o arrepentimientos futuros», abonan la propuesta del economista rumano a favor de la conservación. (p 55)[3]

Este concepto de racionalidad económica no nace con los enfoques de la economía marginalista que conocemos, sino que su origen data de más allá en el tiempo. Hirschman en”Las pasiones y los intereses” nos presenta el surgimiento de las raíces de este concepto y  de las bases teóricas que sostuvieron el nacimiento de la economía capitalista, brindando un panorama de la importante transformación ideológica que se produjo para que a la búsqueda del interés material,  tan duramente condenada durante largo tiempo, se le otorgara la función de contener las pasiones destructivas del hombre. Asimismo vemos como se ven reflejadas estas ideas en la obra de uno de los teóricos más influyentes de la economía clásica como Adam Smith.

Hirschman entonces nos muestra, como para los pensadores de la Época Moderna el “interés personal” o “interés egoísta” era un buen contrapeso de otras pasiones que gobernaban la conducta humana.  A la búsqueda de los intereses materiales, que hasta entonces eran motivo de condenación por el cristianismo, al punto de considerar como pecado mortal a la avaricia, se le asignó la función de contener las pasiones rebeldes y destructivas del hombre.

Es durante el renacimiento que surge la convicción de que la filosofía moralizante y los preceptos religiosos no eran la manera más adecuada de frenar de las pasiones destructoras de los hombres. En este clima de transición, desde los viejos ideales éticos aristocráticos europeos cargados con una fuerte impronta religiosa, hacia la aparición de las nuevas expresiones intelectuales que emergen con el ascenso de la burguesía y la expansión del comercio, es que comienza a surgir la inquietud intelectual de concebir al hombre “como realmente es”. Esto llevó en el plano de la teoría política al planteamiento de nuevas teorías acerca del estado, para lograr  un mejor funcionamiento de éste dentro de las condiciones existentes.

Por ejemplo como describe Hirschman (1977)

Hubo quienes como La Rouchefoucauld, escudriñaron sus escondrijos y proclamaron sus “descubrimientos salvajes” con tanta animación que la disección parece en gran medida un fin en sí misma. Pero en general tuvo por objeto el descubrimiento de formas más eficaces de modelación del patrón de las acciones humanas por comparación con la exhortación moralista o la amenaza de condenación. (p 23)[4

En la misma línea Maquiavelo plantea la necesidad de diferenciar la realidad de la utopía. De esta manera plantea la importancia de distinguir entre la verdad efectiva de las cosas y las repúblicas y monarquías imaginarias que nunca han existido, para lo cual era necesario definir una nueva concepción de la naturaleza humana.

A partir de esta búsqueda de nuevas formas de comprender la naturaleza humana se consolidarían principalmente tres vías argumentativas que vendrían a llenar ese vacío religioso. En primer lugar, si para poder reprimir y domesticar las pasiones destructivas no alcanza con la filosofía moralizante ni con la religión, la coerción estatal aparecía como la alternativa más evidente. Esta es la propuesta de Hobbes, pero esta postura tenía una debilidad que era la dificultad para que el soberano no sucumba a las pasiones humanas.

Reflexiona Hirschman (1977)

¿Qué ocurre si el soberano no cumple su tarea adecuadamente por su exceso de tolerancia, de crueldad, o por alguna otra incapacidad? Una vez planteado este interrogante la perspectiva del establecimiento de un soberano o una autoridad debidamente represivos parece tan probable como la perspectiva de que los hombres refrenen sus pasiones gracias a las exhortaciones de filósofos moralizantes o eclesiásticos. (p 24) [5]

Una segunda solución para hacer frente a las pasiones humanas, era la de sacar provecho de estas pasiones a través de un contrato social que sirviera para transformarlas en algo constructivo. Los principales exponentes de esta idea de poner a trabajar las pasiones de los hombres en función del bienestar general  fueron Vico y Mandeville, quien a través de su conocida “fábula de las abejas” sostenía que los vicios privados podían ser puestos en favor de la prosperidad pública, ya que pasiones tales como la avaricia y la codicia podían ser transformadas por un político diestro en virtudes públicas. Esta idea del control de las pasiones fue posteriormente continuada por Smith en la riqueza de las naciones, quien pudo ““dar un paso gigantesco hacia la conversión de la proposición en algo aceptable y convincente: suavizó la paradoja escandalizante de Mandeville, empleando en lugar de pasión y vicio, términos moderados tales como ventaja o interés”” [6]

Finalmente la tercera línea argumentativa de relevancia sería la de la compensación de las pasiones, con Spinoza, Hume y Bacon como principales exponentes. Tanto la solución represiva como la solución del control no resultaban compatibles con el clima intelectual de la época, ya sea por depender del supuesto de que el soberano no incurriría en las pasiones humanas destructivas, como se daba en el caso de la primera, o por el carácter alquímico transmutador de la segunda. La idea de fondo fundamental de esta postura, si bien existían algunas diferencias de enfoque entre sus principales exponentes, era la de que sólo puede lucharse contra las pasiones a través de las propias pasiones. Mientras que por un lado Spinoza no tenía entre sus principales preocupaciones la aplicación de  esta idea al plano de la acción política, Hume si tenía este objetivo, al cual refleja en su libro “El tratado de la evolución humana”, en el que al hacer referencia a la avidez por la adquisición de bienes y posesiones, la considera ““una pasión potencialmente tan destructiva y a la vez tan singularmente poderosa que la única manera de controlarla consiste en oponerla a sí misma””[7]

Esta idea de alcanzar el progreso social mediante la compensación de una pasión a través de otra, se extendió con relativa facilidad por el campo intelectual europeo durante el siglo XVIII, llegando incluso a traspasar fronteras y captar el interés de los fundadores de Estados Unidos. Además pasó rápidamente de considerar problemas propios de la conducta individual, a tratar asuntos relacionados con la teoría política y con el estado. Un ejemplo al respecto es el destacado papel que tuvo, como herramienta intelectual fundamental en la elaboración de la constitución de los Estados Unidos, donde sirvió como base teórica para justificar cuestiones tales como la reelección del presidente, además de sentar los cimientos intelectuales del principio de  la división de poderes, el cual se argumentaba mediante la  afirmación de que “la ambición debe ser contrarrestada  con la ambición”.

Una vez consolidada la aceptación del principio de las pasiones compensatorias, un asunto que quedaba por ser resuelto era el de facilitar la operacionalización de este principio, para lo cual era elemental poder determinar con un carácter general y permanente cuales son aquellas pasiones que cumplen la función de domesticadoras y cuales son las pasiones salvajes que deben ser controladas. Logrando esta sistematización sería posible alcanzar un funcionamiento de la estrategia de la compensación, de forma que fuese continua en el tiempo.

Esto lo describe muy bien Hirschman (1977)

Tal formulación surgió en efecto y asumió la forma de una oposición de los intereses de los hombres a sus pasiones y de un contraste entre los efectos favorables que se obtienen cuando los hombres se guían por sus intereses y la situación desastrosa que prevalece cuando los hombres dan rienda suelta a sus pasiones.”[8] (p 39)

Si bien con el correr del tiempo y por diversos motivos el concepto de interés quedó ligado a su implicación más puramente económica, en un primer momento era usado con un significado mucho más amplio. Es probable que la asociación precedente que existía entre el término interés y el préstamo de dinero, sumada a un contexto histórico signado por un acelerado crecimiento económico sin precedentes, que posibilitaba el aumento de la fortuna para un número mucho mayor de personas, hayan determinado que el término quedara atado a las actividades de naturaleza económica de los individuos. Es por este rumbo que tomara definitivamente el término intereses, que la oposición entre los intereses y las pasiones pudo ser interpretada de una manera diferente, de forma que “”un conjunto de pasiones conocidas hasta ahora como codicia, avaricia, o amor por el lucro, podía utilizarse convenientemente para enfrentar y frenar a otras pasiones tales como la ambición, el ansia de poder, o el deseo sexual ““[9]

La avaricia era considerada desde los tiempos de la baja edad media como “la mas infame de todas las pasiones” y “el mas mortal de los pecados capitales”, pero una vez que el afán por hacer dinero tomó la forma de perseguir los intereses propios, “se reincorporó bajo este disfraz a la competencia con las demás pasiones, fue súbitamente aclamada e incluso se le asignó el papel de refrenar a aquellas otras pasiones que durante tanto tiempo se pensó eran mucho menos reprobables””[10].

Smith, en su teoría de los sentimientos morales presenta un sólido marco conceptual que sirve para justificar la postura de la compensación de las pasiones y despejar las dudas que pudieran surgir acerca de la persecución del interés propio como vía para alcanzar el bienestar social. Con la introducción del concepto de simpatía, aparece en escena un contrapeso de gran fuerza para las pasiones egoístas “propias de la naturaleza humana”. Del egoísmo visto como  la avaricia destructiva que perjudica a los demás, pasamos a un egoísmo diferente, basado en el afán por conseguir el bienestar personal y el de los demás, y balanceado en su potencia por un sentimiento altruista hacia los otros.

El libro de Smith justamente comienza con las siguientes palabras ““por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos en su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de los otros, de tal modo que la felicidad de estos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer de presenciarla””[11]

La simpatía hace referencia al hecho de que simpatizamos con el dolor y con el placer ajenos, no por una cuestión de comunión con los afectos del otro, sino porque nos identificamos con la situación en la que el otro se encuentra y juzgamos sus sentimientos según nuestra forma de actuar. De esta forma la simpatía no tendría su origen en la percepción de los sentimientos ajenos sino en la percepción de una situación, y en la consideración de nuestro comportamiento en esas circunstancias, lo cual implica una mezcla entre altruismo y egoísmo, ya que esta simpatía depende de la aprobación de los sentimientos ajenos según la medida de nuestros propios sentimientos.

En palabras de Adam Smith (1759)

Cuando acontece que las pasiones de la persona a quien principalmente conciernen, se encentran en armonía perfecta con las emociones de simpatía del espectador,  por necesidad le parecerán  a éste justas y decorosas, y adecuadas a sus objetos, y, por lo contrario, cuando poniéndose en el caso descubre que no coinciden  con sus personales sentimientos, necesariamente habrán de parecerle justas e impropias, e inadecuadas a los motivos que las mueven (p 46)[12]

De esta manera parece lograrse una combinación perfecta entre el egoísmo del hombre y la convivencia y los beneficios sociales, ya que a través del sentimiento de simpatía, los sentimientos morales  pasarían a estar en cierto modo modelados y moderados por la sociedad, actuando cada individuo según su propio interés.

De esta forma las acciones de los individuos pasaron a ser explicadas en buena parte por el interés propio. Concebir al interés como el motor de las acciones humanas arrojaba cierta esperanza, ya que se aparecía como un mecanismo que no dependía de las dos motivaciones humanas que habían ocupado el análisis hasta el momento, la razón, a la que se veía como ineficaz y las pasiones que eran consideradas destructivas. ““Se veía al interés participando de la mejor naturaleza de cada una de aquellas categorías, como la pasión del amor a sí mismo elevada y contenida por la razón, y como la razón dotada de dirección y fuerza por esa pasión””. [13]

La comodidad de concebir al interés como la motivación dominante de las conductas humanas no se debía solamente a que ofrecía un escape a esta dicotomía entre las pasiones y la razón, sino que presentaba otras ventajas. En este sentido como menciona Hirschman, la ventaja más general era la “posibilidad de previsión”.

La idea de que los hombres se guían invariablemente por sus intereses pudo lograr entonces una amplia aceptación y cualquier descontento que la idea causara, quedaba compensado por el pensamiento de que el mundo podía volverse un lugar más previsible. La convicción era la de que si un hombre se comporta de acuerdo a la persecución de sus intereses entonces le irá bien y no solo a él, sino que otros individuos también se benefician cuando el patrón de comportamiento es el de perseguir el interés propio, ya que el curso de acción de las decisiones se vuelve ““transparente y previsible, casi tanto como si fuésemos una persona totalmente virtuosa””[14]. En este sentido podemos apreciar el paralelismo que existe entre este juicio y el concepto de simpatía presentado por Smith, ya que mediante ésta, el individuo toma posición respecto al comportamiento de los demás y espera que  ellos hagan lo mismo. De esta forma el interés individual termina conduciendo hacia una suerte de homogenización de las conductas, tomando la forma de interés general. Esto se fundamenta en la necesidad que siente el hombre de recibir la aceptación de los demás por sus actos y en el regocijo que le provoca que los otros hagan suyas sus propias pasiones, o la aflicción que le provoca que suceda lo contrario. Así se construye un orden social mucho mas estable y previsible, en el cual el interés individual contribuye a garantizar la convivencia y a incrementar el bienestar general.

De este modo se presenta la posibilidad de obtener ganancias mutuas mediante la persecución del interés propio en las decisiones políticas. Si bien esta idea parecía no ser compatible con las características de la política exterior, donde se suponía que las naciones tenían intereses contrapuestos y competían por los mercados, a la hora de vislumbrar las cuestiones pertinentes a la política interna, la posibilidad de previsión de la conducta humana mediante el interés, aparecía como claramente beneficiosa.

Por lo tanto la oportunidad de prever el comportamiento era muy valorada, ya que justamente la inconstancia y la volatilidad eran vistas como los impedimentos fundamentales para el establecimiento de un orden social  viable. De hecho uno de los rasgos que se consideraba como más objetable y peligroso del comportamiento impulsado por las pasiones era su carácter fluctuante e imprevisible. En la búsqueda de sus intereses se supone que los hombres son firmes, constantes y metódicos, al contrario del comportamiento de aquellos hombres que actúan cegados por sus pasiones. Por lo tanto que mejor manera de contrarrestar estas pasiones, que justamente con la constancia de su interés propio

Matias Prieto

REFERENCIAS

[1] Sen Amartya.(1976), Elección colectiva y bienestar social, Alianza Editorial, p 202

[2]  Matemático, estadístico y economista rumano (1906-1994), conocido por su obra de 1971 La ley de la entropía y el proceso económico, en la cual establece la visión de que la segunda ley de la termodinámica gobierna los procesos económicos, es decir, que la “energía libre” utilizable tiende a dispersarse o a perderse en forma de “energía restringida”. Su libro se considera la obra fundacional en el campo de la termoeconomía

[3]  Carpintero Oscar.(2006) La bioeconomía de Nicholas Georgescu-Roegen, Montesinos, Barcelona

[4] Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 23

[5] Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 24

[6] Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 26

[7] Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 32

[8]Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 39

[9]Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 47

[10] Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 48

[11] Smith, Adam.(1979), Teoría de los sentimientos morales, Fondo de cultura económica, México, p 31

[12] Smith, Adam.(1979), Teoría de los sentimientos morales, Fondo de cultura económica, México, p 46

[13] Hirschman Albert. (1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 50

[14] Hirschman Albert.(1977), Las pasiones y los intereses, Fondo de cultura económica, México, p 57

Algunos apuntes sobre Desarrollo, ecología y Socialismo.

En este texto se busca reflexionar sobre algunos de los vínculos históricos entre Desarrollo, ecología y Socialismo. Describimos brevemente el paradigma de conceptualización del Desarrollo en el siglo pasado y cómo esta conceptualización fue la base de la discusión teórica sobre los diferentes sistemas socioeconómicos. En segundo lugar se plantean algunas cuestiones centrales que desde la ecología hacen a los límites y oportunidades biofísicas de algún desarrollo en el planeta, y ante esta situación algunos apuntes sobre qué principios podrían ser actualizadores de las corrientes de pensamiento y los movimientos que aspiran a la liberación y a la igualdad social.

Hijo de la Modernidad, el concepto de desarrollo comienza a verse reflejado en las ideas de varios de los pensadores de la Ilustración europea del siglo XVIII y más aún en la obra de los economistas clásicos. En el siglo XIX y en el contexto de la revolución industrial, con el avance del positivismo, la ciencia y la racionalidad instrumental vinculada al sistema tecnológico, la idea del progreso dominó las visiones respecto a la dinámica del Desarrollo de las sociedades humanas. Estas ideas redundaron en una aspiración colectiva de mejoramiento de las condiciones de vida a través de la modificación de las relaciones humanas con respecto al ambiente a nivel mundial, siendo el progreso de la ciencia y la técnica el motor de cambio de estas relaciones y de la creciente dominación de la naturaleza.

 Luego de la segunda guerra mundial el Desarrollo y principalmente la “economía del desarrollo” se volvieron corrientes en el ámbito político-económico y científico-académico a nivel global. El Desarrollo y la economía del desarrollo quedaron sustentadas en los axiomas de teorías neoclásicas de la economía, y se presentaron como respuestas prácticas frente a desafíos tales como la pobreza y la distribución de la riqueza. Por un lado se distinguieron los países desarrollados y por el otro los países subdesarrollados. Ejemplo claro de estas ideas es el discurso de Truman en 1949 en el que establecía la necesidad de iniciar un “programa nuevo y audaz para lograr que los beneficios de nuestros avances científicos y el progreso industrial estén disponibles para la mejora y el crecimiento de las regiones subdesarrolladas”.

En el ámbito académico las formulaciones teóricas acerca del Desarrollo resultaron casi indistinguibles de las del crecimiento económico, ambos términos aparecían intercambiados en más de una oportunidad. De esta forma el Desarrollo fue quedando atado al precepto de crecimiento económico y a este quedaron subordinados a su vez los temas del bienestar, la desigualdad y la pobreza. Las teorías hegemónicas acerca del crecimiento económico, entendían que la manera de alcanzar el Desarrollo era principalmente a través de la acumulación de capital físico. Se sostenía que un aumento del Producto Bruto Interno per cápita reduciría la pobreza e incrementaría el bienestar de la población, sobre todo mediante un mayor consumo.

De esta manera se consolida desde mediados del siglo XX un concepto de Desarrollo que es percibido como un proceso de evolución lineal esencialmente económico, en el cual a través de la explotación de recursos naturales y siguiendo principios de eficiencia y de rentabilidad económica, los países considerados como subdesarrollados podrían alcanzar el estilo de vida de los países desarrollados.

Frente a la primacía de las teorías neoclásicas de crecimiento económico y al paradigma del Desarrollo surgieron corrientes críticas que buscaron comprender la unión de los problemas sociales y ecológicos que implicaba el desarrollo del capitalismo y un crecimiento económico ilimitado en un planeta limitado. Entre estas corrientes surgen la ecología política, la economía ecológica y la ecología social. La crítica ecologista al concepto económico y al paradigma del Desarrollo agrega, a las que ya les pugnaban otra teorías críticas, que el productivismo que deriva de las estrategias de crecimiento e intercambio económico y el aumento exponencial del uso de materiales y energía por persona tienen un efecto negativo directo sobre las condiciones de bienestar social y ecológicas del planeta.

 La crítica ecologista también indicó cómo la ciencia positivista desencadenó una nueva manera de relacionarse con la naturaleza, tan necesaria como los avances tecnológicos para que la actual forma de explotación de los bienes naturales fuera posible. La revolución industrial trasladó definitivamente el centro económico, político y cultural de las sociedades del campo a la ciudad. La naturaleza pasó a ser considerada como un objeto inerte, pasible de ser diseccionado, conocido y dominado y lucrar con él tal cual como con una máquina bajo control humano. El industrialismo segmentó en compartimentos estancos las diversas etapas de la producción, y con ello fue generando una cosmovisión del hombre como un ser por fuera y por encima de la naturaleza, como su amo absoluto e irresponsable, disociado y diferente de ella, y la creencia de efectivamente haberla sometido a sus designios. De la mano vino la arrogancia moderna, producto del asombroso dominio tecnológico que pareció desplegarse frente al ambiente, dominio material e intelectual. En una palabra, el industrialismo produjo una alienación nunca antes conocida, entre el trabajador y el producto de su trabajo, sí, pero fundamentalmente entre el ser humano y el resto del universo.

Los efectos socio-ambientales del productivismo son intrínsecamente insostenibles, no se puede crecer infinitamente en un planeta finito. Esta sentencia tuvo su principal respaldo científico en 1972 en la publicación del informe llamado Los límites del Crecimiento (Meadows et al, 1972) que analizó la evolución de las tendencias globales de la población mundial, la industrialización, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales. El informe cuestionaba directamente la idea del Desarrollo logrado a través del crecimiento perpetuo, ya que eso sería incompatible tanto con la finitud de los recursos, como con la capacidad de carga del planeta. Al modelar las tendencias se encontró que se alcanzarían los límites del crecimiento en el curso de los próximos cien años y el resultado más probable sería un descenso tanto de la población como de la capacidad industrial.

En aquellos años, el impacto de esas conclusiones fue enorme en algunos ámbitos, y distintos economistas, científicos y políticos de variadas corrientes ideológicas criticaron el análisis, tanto por sus conclusiones como por su metodología. Desde filas de la izquierda, especialmente desde la izquierda latinoamericana, se tildó al informe de ser neomalthusiano, de negar el papel de la ciencia para generar alternativas a los impactos ambientales causados, o de ser una simple manifestación de desarrollismo burgués o imperialista. Para varios intelectuales de izquierda se atacaban aspectos que ellos consideraban positivos, como la modernización, el aprovechamiento de las riquezas naturales latinoamericanas, la producción industrial, y también la idea misma del crecimiento de las economías.

En este sentido se coordinó una respuesta desde la Fundación Bariloche que se presentó en 1975 como un modelo alternativo, titulado: “¿Catástrofe o Nueva Sociedad? Modelo Mundial Latinoamericano”. La propuesta de Bariloche se centraba principalmente en que el problema no eran los límites físicos y ecológicos al crecimiento sino que eran cuestiones sociopolíticas, las que provocaban una distribución desigual de poder tanto entre los países como al interior de ellos. El modelo planteaba como solución una sociedad socialista, basada en la igualdad y la plena participación en las decisiones sociales donde se regularía el consumo material. Esta propuesta significó sin dudas un avance importante, pero no logró captar en su totalidad la crítica ecosocial y defendió un socialismo basado en el crecimiento económico y en el progreso de las fuerzas productivas capitalistas-modernas, solamente con diferencias en cuanto a las formas de tenencia de propiedad de los medios de producción, como si por el mero hecho de socializarlas (sí necesario) bastara para que se beneficien ilimitadamente los trabajadores, y dejando totalmente de costado la crítica sobre el carácter productivista y la insostenibilidad del crecimiento en el mediano y largo plazo.

En el correr de estas décadas el crecimiento de las economías ha sido posible por la creciente población de trabajadores en condiciones de explotación y la creciente extracción, uso y desecho de vidas y materiales de la corteza terrestre y de la biosfera. Como consecuencia, más allá de las recurrentes crisis localizadas y necesarias para el funcionamiento del capitalismo, la humanidad se encuentra en un contexto de crisis y factores de crisis multidimensionales e interrelacionados de los que para este siglo sí se esperan y confirman casi inevitablemente algunas de las consecuencias estimadas en Los límites del crecimiento.

“Esta obra pionera fue revisada, mejorada y actualizada en dos ocasiones: 1992 y 2004.  […] En 2012 se publicó otro informe al Club de Roma que ha pasado asombrosamente inadvertido: 2052 de Jorgen Randers. […] Su pronóstico se parece sobre todo al escenario dos de Los límites del crecimiento: crisis de contaminación, con el dióxido de carbono como el principal contaminante persistente a largo plazo. Randers no prevé una suerte de apocalipsis global, sino más bien una lamentable cuesta abajo donde crecen colapsos parciales, graves conflictos y bolsas de miseria mientras que el BAU (business as usual) trata de seguir su huida hacia delante. Los recursos de todo tipo van agotándose, y hay que invertir cada vez más simplemente para mantener el funcionamiento habitual de sistemas cada vez más disfuncionales. Eso sí, las cosas se pondrían mucho peores en la segunda mitad del siglo XXI” (Riechmann, 2016: 26).

En la actualidad esta crisis desestabiliza y amenaza las bases materiales-ecológicas y socioculturales de la vida de la especie en el planeta y sobre todo del Desarrollo de los dos últimos. Escenarios futuros reconocidos a nivel mundial y que tocan a las generaciones de menos de 30 años plantean certezas sobre notorios cambios ambientales que influirán negativamente en la vida humana, generando incertidumbres sobre las posibilidades de habitabilidad de muchos territorios del planeta (Jamair, 2013). Estos cambios serán generados por dinámicas que hoy en día ya se están sufriendo y se agravarán, y de las que es muy difícil escapar sin cambios radicales a nivel mundial y regionales en la cadena de Recursos – Producción – Distribución – Consumo – Residuos. Las principales dinámicas que amenazan las bases económicas mundiales son el cambio climático, la sexta extinción masiva de especies, el traspaso de ciertos umbrales de suma importancia para el funcionamiento de los ecosistemas del planeta (Rockstrom et al, 2009) y la escasez creciente y el despilfarro de recursos (cénits) y sumideros (Tanuro, 2015). A la actual era geológica se le ha llamado Antropoceno así como también Capitaloceno (Thornett,  2016). Estas dinámicas de escala global, bien que existen ámbitos de regulación global y regional que no dejaran de ser necesarios y habrá que adaptarlos, sólo pueden ser atendidas en el presente y en el actuar local, es decir por la gente en el territorio (González-Maya et al., 2012).

 Sin embargo aún siendo conocidas estas consecuencias se actúa como si no existiesen, y  se continúa dando por hecho que para desarrollarse, los países “subdesarrollados” deberían conseguir/crear mayores sumas de valor agregado e insertarse en diferentes mercados internacionales, alcanzando una mayor eficiencia y mejor competitividad internacional, mediante un uso “intensivo, eficiente y sustentable” de sus recursos naturales. Como ya sostuvo el economista brasileño Celso Furtado (1971) en la década del 70, el desarrollo económico, entendido como la idea de que “los pueblos pobres podrán algún día disfrutar de las formas de vida de los actuales pueblos ricos” es “simplemente irrealizable y esa idea fue utilizada para movilizar a los pueblos de la periferia y llevarlos a aceptar enormes sacrificios, para legitimar la destrucción de formas de cultura arcaicas, para explicar y hacer comprender la necesidad de destruir el medio físico, y para justificar formas de dependencia que refuerzan el carácter predatorio del sistema productivo”.

Y volviendo sobre la voluntad de crecimiento de las economías, el sinsentido que esta lógica desencadena en los “países desarrollados” se puede ver en la “paradoja de Easterlin”, la cual muestra que a partir de un nivel de renta per cápita (en torno a los 15.000 dólares) se observa una desconexión entre incremento de los ingresos y el bienestar o felicidad subjetiva, y la renta per cápita continúa en aumento mientras que felicidad subjetiva disminuye (Inglehart y Klingeman, 2000). El bienestar depende fuertemente de dimensiones que no son monetarizables o negociables mercantilmente y a su vez el afán por incrementar los ingresos y aumentar el consumo perjudican seriamente las relaciones sociales de amistad y familiares y reducen el tiempo de disfrute de los individuos (Riechmann y Carpintero, 2013).

Por otra parte, si hace falta discernir al interior del PIB, es de esperar que sectores relacionados con el recentramiento de las actividades económicas en el territorio, la agricultura ecológica, la producción industrial limpia, las energías renovables, la reutilización y el reciclaje, los consumos colectivos, la restauración y conservación ecosistémica, la adaptación al cambio climático, etc., habrán de crecer. Cuál sea finalmente el saldo de esta operación en términos de PIB no tiene demasiada importancia ya que dependerá de la valoración monetaria que se otorgue a cada una de estas actividades, y el reflejo monetario, a su vez, será función de la distribución de la renta y el poder, del marco institucional, o de los incentivos y las penalizaciones correspondientes (Recio 2007).

Frente al escenario actual, es necesario que las izquierdas reconozcan y analicen el traspaso de los límites sociotécnicos y biofísicos para poder hacer frente a esta crisis civilizatoria y formular estrategias alternativas. En este sentido la ecología, que existe como una limitación clara a la actividad humana, también existe como herramienta para el estudio crítico y transformación del metabolismo socioeconómico de las sociedades, a través de disciplinas como la ecología política, la economía ecológica, la ecología industrial, la agroecología y otras. Sin embargo, para esto debemos detenernos en algunas cuestiones teóricas que hacen a la relación entre el ecologismo y la izquierda.

Abandonando el productivismo y en cambio adoptando la autosuficiencia como el corazón del ecologismo ¿cómo lo ubicamos en relación a la izquierda? ¿Es el ecologismo en sí una ideología de izquierda? ¿Cuál es la relación de la izquierda con el productivismo? Una definición aceptable que incluya todos los movimientos identificados históricamente como izquierdistas sería la de una postura económica y ética, que tiene como metas grados más o menos avanzados de colectivismo económico y justicia social. A la conjunción de estas metas la podemos llamar, laxamente, “socialismo”. A la inversa, el capitalismo se identifica con las posiciones de derecha y, fundamentalmente, con la libertad individual del poder económico. Ahora bien, las izquierdas tradicionales y los diferentes socialismos que se han desplegado a lo largo de dos siglos, han sido anticapitalistas (cuando no capitalismos de estado) pero no antiproductivistas. El capitalismo y socialismo se han basado ambos en el productivismo industrialista. Así, las izquierdas han puesto en cuestión a quién debe beneficiar el desarrollo o crecimiento económico y cómo, pero nunca han puesto en cuestión al propio crecimiento de la extracción y uso de materiales y energía, quedando incapacitada para percibir sus contradicciones y, en última instancia, su imposibilidad en el mediano y largo plazo.

Por otra parte, es claro que el ecologismo es anticapitalista, pero desplaza el foco de atención de la contradicción entre capital y trabajo a la de capital y naturaleza, proponiendo  la vía de un vinculo trabajo-naturaleza superador de contradicciones. El acercamiento entre la izquierda y el ecologismo, por su parte, sólo puede suceder si la izquierda tradicional acepta la impugnación ecologista del crecimiento y el Desarrollo, transformándose en consecuencia y conservando su preocupación por la justicia social. Aquí es donde debemos ubicar al ecosocialismo como propuesta de futuro. Aunque sin dudas posee más puntos en común y posibilidades de acción conjunta con la izquierda, esto no obsta que existan tendencias que algunos críticos han calificado de ecofascismo.

Actualmente desde las corrientes ecosocialistas, se retoman ideas libertarias procedentes de lazos que unen a las corrientes anarquistas, socialistas, comunistas, feministas, ecologistas, indigenistas y religiosas. Sus aportes se nuclean alrededor de principios éticos, teóricos y prácticos guiados por la libertad, el bienestar y la sustentabilidad de las relaciones socio-ecológicas.

 El sistema tecnológico y la ética de la libertad

 En primer lugar, es clave reformular la aspiración a la libertad en torno a un doble eje de pluralidad e igualitarismo y en contra de totalitarismos y jerarquías, que nuclea a diversas experiencias, autores y propuestas, aquí entrelazamos a Bookchin (1982), De Sousa Santos (2009) y Menéndez-Carrión (2015). Se plantea un principio ideológico que da por sentado que la espontaneidad y la proliferación de alternativas no son ofrecidas conjuntamente bajo el paraguas de una única alternativa global, y sí por fuera de aparatos estatales o político-partidarios representativos.

 Por otra parte y de manera relacionada al traspaso de los límites dado dentro del sistema tecnológico-productivo imperante, Ivan Illich (1978, p 1) sostiene que “existen características técnicas en los medios de producción que hacen imposible su control en un proceso político”. En este sentido el sistema tecnológico capitalista transgrede lo que el autor llamó umbrales de la crítica, estableciendo entonces un monopolio radical, término identificado por el autor como el estado en que “la herramienta programada despoja al individuo de su posibilidad de hacer” (Illich, 1978, p 39). Un monopolio radical supone el control de las prácticas por parte de técnicos y profesionales, quienes concentran el poder sobre cuestiones específicas. Podemos poner numerosos ejemplos, siendo los más destacados, los procesos de medicalización y de escolarización, la complejización de un sistema tecnológico que se autonomiza y el sistema productivo asociado.

 El Ecosocialismo está ligado a una ética de la libertad, que pugna por la autonomización de los individuos y las comunidades, esa autonomización debe tener un elemento de crítica constante y revelación acerca de pretensión de trascendencia de los seres humanos a través de los elementos de mediación, es decir de la tecnología.

 Un excelente análisis al respecto es brindado por el sociólogo francés Jacques Ellul quien identifica la independencia del fenómeno tecnológico en la modernidad, que constituye por sí mismo un sistema determinante de las relaciones humanas, la tecnología se reproduce a sí misma y produce un ambiente de mediación intrínseco en el que los humanos se ven inscriptos. De esta forma las relaciones humanas se ven tecnificadas y las aspiraciones sociales se orientan dentro de este marco de progresión y autonomización de las relaciones de mediación. Podemos decir que no es solo el esquema productivo el que está sometido a la primacía de la racionalidad acrítica relacionada al fenómeno tecnológico (Ellul, 1980), sino también las necesidades humanas, solventadas a través de una dialéctica de producción y consumo (Baudrillard, 2007). El bienestar dentro de este nuevo medio humano mediado por el sistema tecnológico se conceptualiza a través de la satisfacción de un nivel de consumo para el que no hay suficiencia, siempre está en crecimiento. Este proceso de autonomización de los elementos de mediación y la conformación de un verdadero sistema tecnológico representa una amenaza genuina a la autonomía de los individuos y las comunidades. Ivan Illich sostiene que “la política real es posible solo para los pobres” (Dauber, Freire et al. 2013. p 67) en el sentido de que solo quienes mantienen cierto grado de autonomía frente a los elementos de mediación establecidos dentro del sistema tecnológico, podrán actuar de manera liberadora y tomar el control sobre su propio bienestar.

 Estos últimos apuntes nos llevan al campo de la gestión del bienestar dentro del paradigma ecosocialista, se acercan algunas propuestas que aspiran a ser ilustrativas del punto.

El bienestar y la sustentabilidad de las relaciones socio-ecológicas

Siguiendo ahora a Riechmann y Carpintero (2013) quienes toman la noción de bienestar de Manfred Linz (2007. p.12) y comprenden al bienestar “Como un compuesto de tres elementos: riqueza en bienes, riqueza en tiempo y riqueza relacional”. En este sentido aparte del crecimiento y el progreso tecnológico, la tercera estrategia clásica en la economía para lograr el bienestar social y la satisfacción de las necesidades siempre ha sido una mejor redistribución de los recursos disponibles. Los resultados históricos del desarrollo al día de hoy permiten revalorizar las posibilidades de aplicar estrategias redistributivas en muchas dimensiones y escalas del metabolismo socioeconómico, obligando a las clases más pudientes a reducir su presión y apropiación sobre la energía, los materiales y la generación de residuos (Honty, 2013) y de esta forma liberando recursos y espacio ambiental para lograr un “buen vivir”, una “vida buena” (Riechmann, 2011; Jackson, 2011) o un desarrollo a escala humana (Max-Neef, 1998), y esto es también cambios en la estructura de propiedad.

Continuando con Riechmann y Carpintero (2013), al nuevo modelo de Recursos – Producción – Distribución – Consumo – Residuos se aplican los principios de: renovabilidad en las fuentes energéticas; cierre de ciclos de materiales en los procesos productivos y diseño anti-obsolescencia; principio de precaución; y suficiencia, redistribución y autocontención con regulación democrática.

La suficiencia y autocontención no corresponde a una moderación individual del consumo, sino a un proyecto de sociedad vivir mejor con menos, encauzado por poderes públicos democráticos, diferentes a los de las democracias realmente existentes. Y esto, sin ponerse en contra de la mencionada ética de la libertad, “apunta a superar el déficit de regulación del capitalismo neoliberal/neoconservador mediante mecanismos de planificación democrática de la economía” (Riechmann 2010: 49). Con respecto a esto último hay muchos planteos interesantes que han surgido en la segunda mitad del siglo XX y continúan surgiendo alrededor de los socialismos de mercado, democracia económica y planificación democrática de la economía (Fernández Buey y Riechmann, 1996; Schweickart, 2006), sin dejar de prestar atención y dejando margen de acción a las configuraciones territoriales auto-organizadas.

En la actualidad, una alternativa de izquierda que incorpore verdaderamente los límites y las estrategias socioecológicas en sus principios tendría que tener entre sus bases la urgencia por readaptar las fuerzas productivas, producir, transportar y consumir menos y diferentes bienes económicos, además de crear las condiciones políticas y culturales para una responsabilización colectiva sobre lo que se produce y luego se consume.

E. S. Barrios, D. Estin Geymonat y G. Giordano

Referencias:

– Baudrillard, J. (2007). Crítica de la economía política del signo. Siglo XXI Editores. México.

– Bookchin M. (1982). The ecology of freedom, Cheshire Books, Palo Alto.

– Dauber, H. Freire, P. Huberman, M. Illich, I. (2013). La Educación: Una autocrítica. Editorial Tierra del Sur. Buenos Aires.

– De Sousa Santos, B. (2009). Una epistemología del Sur. CLACSO. México.

– Ellul, J. (1980). The technological society. The Continuum Publication Corp. USA.

– Fernández Buey F. y J. Riechmann, (1996). Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista. Madrid: Siglo XXI.

– Furtado C. (1971). Desarrollo y subdesarrollo. Eudeba. Buenos Aires.

– González-Maya José F, Luís R Víquez, Iván Cruz-Lizano & Amancay A Cepeda. (2012). Repensando la restauración ecológica en Latinoamérica: ¿Hacia dónde queremos ir?. En: Revista Latinoamericana de Conservación.

– Honty, G. (2013). “Energía en las transiciones” en Ecuador ¿estamos en transición hacia un país postpetróleo? María Amparo Albán, Tadeu Breda, Miguel Castro, Marco Chíu, Karen Hildahl, Gerardo Honty, Carlos Larrea. CEDA, Centro Ecuatoriano de Derecho Ambiental.

– Illich, I. (1978) La Convivencialidad. Ocotepec, Morelos. Disponible en: http://www.ivanillich.org.mx/convivencial.pdf

– Inglehat, R., & H.D. Klingemann (2000). Genes, culture, Democracy and Happiness. In E. Diener & E. Suh, (Eds.) Subjective well-being across cultures (pp. 165-183). Cambridge: MIT Press.

– Jackson, T. (2011): Prosperidad sin crecimiento. Barcelona: Icaria.

– Jamair,D. (2013). Cambio climático: últimas noticias sobre el fin del mundo. Disponible: http://mientrastanto.org/boletin-121/de-otras-fuentes/cambio-climatico-ultimas-noticias-sobre-el-fin-del-mundo

– Linz, M., J. Riechmann, J. Sempere, (2007): Vivir (bien) con menos. Barcelona: Icaria.

– Max-Neef, M.A. (1998). Desarrollo a Escala Humana. Icaria. Barcelona.

-Meadows,D.  et al (1972). Limits to Growth. Disponible en: http://collections.dartmouth.edu/published-derivatives/meadows/pdf/meadows_ltg-001.pdf

– Menéndez-Carrión, A. (2015). Memorias de ciudadanía. Los avatares de una polis golpeada. La experiencia uruguaya. Editorial Fin de Siglo. Montevideo.

– Recio, A. (2007). Ecología y trabajo. La relación entre el actual sistema laboral y la perpetuación de un modelo económico ecológicamente insostenible

– Riechmann, J. (2010). En el mundo de las muchas crisis. Cuadernos de Sostenibilidad y Patrimonio Natural, 19/2010, Fundación Banco Santander, Madrid.

– Riechmann, J. (2016). El no actuar en aquellos días. Apuntes sobre la crisis ecosocial. Foro Transiciones.

– Riechmann, J. y Carpintero O. (2013). Pensar la transición: estrategias y enseñanzas económicas-ecológicas en: Revista de Economía Crítica, nº16, segundo semestre 2013.

– Schweickhart, D. (2006): “Democracia económica: propuesta para un socialismo eficaz”, en: AAVV. Derecho a decidir. Propuestas para el socialismo del siglo XXI. Barcelona: El Viejo Topo., pp. 39-92.

– Tanuro, D. (2015). Cambio climático y alternativa ecosocialista: un análisis marxista de la crisis ecológica global. Editorial Sylone 4 Ibera, S.L.; 1ª ed.

– Thornett, A (2016). Un paso de gigante hacia el antropoceno. Disponible en: http://www.vientosur.info/spip.php?article11798

La Amsterdam y el Estado de Naturaleza

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En los últimos días hemos presenciado una serie de violentos episodios desarrollados en el ámbito deportivo, más precisamente, en la tribuna Amsterdam, en donde un hincha de Peñarol fue baleado en el baño de la tribuna por motivos difusos y aún sin resolver. A modo meramente especulativo, pretendiendo a la vez ensayar un ejercicio reflexivo, propongo relacionar esta serie de conflictos con algunos conceptos provenientes de la teoría política.

Si bien la tribuna de un espectáculo deportivo no es más que un micro espacio-tiempo dentro del entramado social, donde los conflictos presentes en la sociedad son parcialmente trasladados a este terreno,  las lógicas de poder que imperan en pos de dominar dicho territorio a propósito, rico a la hora de obtener recursos ya sean económicos como la venta de drogas, merchandising, etc. o simplemente el afán  mismo de poder,  provocan que ciertos grupos de personas se disputen el control de este espacio. Si aceptamos por un momento que en este contexto, el hombre es “el lobo de sí mismo” siguiendo el postulado Hobbesiano y aceptamos también, que en la tribuna de Peñarol  ninguno de los distintos grupos o “barras”  en disputa tiene hoy, la capacidad de imponerse por sobre los otros, me siento en condiciones de afirmar  que estamos ante la presencia de un estado de guerra o de Naturaleza. Cabe recalcar que en la tribuna se produce una suerte de convivencia paralela entre las supuestas barras y las personas que simplemente pretenden disfrutar de un espectáculo deportivo. Esto provoca la existencia de dos escenarios paralelos, con distintos objetivos y por consiguiente, distintos comportamientos. Mientras que los primeros conciben a la tribuna como un espacio provisorio en donde asisten por cuestiones ociosas o afectivas hacia el deporte y su club es decir, “un medio para”, los segundos lo entienden como un terreno del cual se pueden extraer distintos beneficios anteriormente mencionados por lo que este espacio se vuelve un fin en sí mismo. Esto provoca entonces, distintas maneras de relacionarse con el entorno.

Es entre las barras que se produce este Estado de Guerra constante por el dominio del espacio e insolentemente, me animo a decir que los posibles escenarios a futuro asumiendo que pese a que las “fuerzas del orden” externas puedan imponer cualquier tipo de medida paliativa, desde vaciar la tribuna a sancionar económicamente al club,  persistirán sin embargo las lógicas operantes, son 1) que alguno de los sectores logre imponerse parcialmente sobre los otros, lo cual generaría un estado de paz parcial o provisoria  2) que se establezcan un conjunto de reglas en común que regulen el accionar de los distintos grupos aceptando mutuamente, la existencia y convivencia entre estos o 3) que se establezca como sucedió con su tradicional rival el Club Nacional de Fútbol, un cuerpo político que sea capaz de articular el monopolio de la fuerza y un conjunto de reglas que se extiendan en el tiempo generando así, estabilidad y en efecto, un Estado  llámese también, “La Banda Del Parque”. Es curioso observar cómo paralelamente a la existencia de un macro entramado de reglas y disposiciones dígase nuestro país, se puede observar  la existencia de espacios en disputa en donde existen reglas diferentes o directamente no las hay.  La presencia de la policía en un Estadio, quien por definición, detenta el poder coactivo del Estado generalmente es reducida a una mera espectadora o incluso cómplice, de los distintos conflictos presentes. Esto me lleva a concluir que pese a la actitud totalizante que pueda tener cualquier macro cuerpo político, se torna difícil suprimir al poder y a su multiplicidad de manifestaciones ya sea en una tribuna de Fútbol, en un barrio, en la cárcel o en muchos otros ejemplos posibles.

Donde hay seres humanos relacionándose, hay poder, por lo que su carácter dinámico deviene en la imposibilidad de salir del Estado Naturaleza que se está creando y destruyendo constantemente, aunque por nuestra salud quizá  convenga convencernos de lo contrario.

Rodrigo Solaro.

El viejo continente frente a la inmigración: el estudio de la xenofobia, ultra nacionalismo y populismo de derecha*

*Este artículo fue publicado en el Informe de Coyuntura Internacional nº 17 (agosto  2016), el cual es un proyecto de la comisión sectorial de investigación cientifica llevado adelante por el Programa de Estudios Internacionales (Unidad Multidisciplinaria – FCS).

Kail Márquez García (estudiante avanzado de la lic en Desarrollo – FCS. kamargarcia@gmail.com)

La fortaleza de Europa: entre el statu quo y la desglobalización.

          Este artículo se propone como objetivo general explorar los procesos políticos que acontecen en el centro del sistema­-mundo que hacen frente a las múltiples crisis a las que se enfrenta nuestra civilización. Desde la puesta en marcha de la mundialización neoliberal, el fin de la guerra fría y los procesos de consolidación de la Unión Europea y la OTAN como organizaciones de alto impacto en la conservación del equilibrio hegemónico en las relaciones internacionales, hasta hoy, se han presentado algunos obstáculos como la emergencia de las nuevas potencias regionales (y globales) llamados BRICS, que plantean un nuevo orden multipolar. A lo anterior, se le suma la gran crisis económica de 2008, y en particular para la región en estudio, la crisis de los refugiados y el terrorismo en territorio europeo. Frente a la incapacidad de resolver los grandes retos del nuevo milenio por parte de las instituciones matrices del sistema, surgen las alternativas negativas que traen recuerdo del ultranacionalismo fascista posterior a la crisis de 1929. En este contexto y como objetivo específico se propone el estudio de lo que ocurre en la región central de Europa, con el ascenso de diversas corrientes políticas xenofóbicas, anti­inmigrantes y ultranacionalistas en el “viejo continente”.

          El proceso de construcción de la Unión Europea, desde el tratado de Maastricht (1993) hasta Lisboa (2007), ha tenido marchas y contramarchas, pero algunos acontecimientos de la coyuntura llevan a la necesidad de reflexionar acerca del bloque regional más avanzado en el mundo en cuanto a integración y desarrollo. En los últimos años, la aplicación de políticas económicas de la austeridad se ha impuesto incluso a plebiscitos como en Grecia. La descomposición de los Estados de Bienestar y la precariedad llevan a una sensación popular de descontento con la burocracia de la UE, lo que genera las condiciones para la emergencia socio­política de un sujeto que ha pasado de lo latente a lo manifiesto: fascismo. Otro componente son los procesos de desvinculación de la UE, tras la resolución afirmativa en el referéndum del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Este ha sido caracterizado como la caída de la primer ficha del dominó, y se anuncian nuevos actos de consulta a la ciudadanía en Francia (promovido por el Frente Nacional) y Holanda (promovido por el Partido por la Libertad, PVV), ambos países con elecciones nacionales en el primer semestre de 2017.

Los países del centro de Europa frente a la agenda de seguridad y derechos humanos

          Para avanzar en la descripción del nuevo escenario geopolítico regional con características emergentes de descomposición y pérdida de legitimidad de las instituciones de la UE, el recorte conceptual para el análisis puede tomar diferentes características. Centrarse sobre un conjunto de países por sus características geográficas, es decir ubicarse en la zona Centro del continente, tiene sus puntos a favor y en contra, pero forma parte de las elecciones que toma quien investiga la realidad. De todas formas, no hay consenso total sobre que se entiende por los países centroeuropeos, dado que en algunas clasificaciones algunos países quedan fuera mientras que en otra quedan dentro, se elige en este artículo la clasificación de las Naciones Unidas. (ver anexo)

          En Hungría, tras años de gobiernos políticamente centristas y de coalición entre Liberales y Socialdemócratas, el partido populista­ conservador Fidesz ha mantenido el gobierno con mayorías absolutas (en coalición con la Unión Cívica Húngara) desde 2010, hasta ahora se ha ganado fama por políticas de fuerte rechazo a la inmigración y al asilo de refugiados por parte de la Unión Europea. El caso ha llegado al punto en que el próximo 2 de octubre se llevará a cabo un referéndum en que la ciudadanía húngara decidirá si participa o no de las cuotas de alojamiento de refugiados resuelta por la Unión Europea. Vale recordar que el gobierno de Fidesz ha levantado alambrados en su fronteras sur con Serbia y Croacia para evitar el ingreso en masa de inmigrantes ilegales. La campaña en contra de la acogida de inmigrantes (dirigida por Fidesz y el ultraderechista Jobbik ) se basa 2 en una construcción de sentido común sobre la población que establece una relación de 3 causa­efecto lineal entre inmigrantes y terrorismo , descontextualizada de las históricas 4 políticas neocoloniales de las potencias nor­occidentales y euro­atlánticas hacia las periferias y semiperiferias del mundo moderno. En el 2018 habrá elecciones legislativas en el país.

          En lo que concierne a Polonia, el año 2015 significó la victoria electoral del partido Ley (o Derecho) y Justicia, cuyos intereses son cercanos a la Iglesia Católica polaca. A un año de gobierno, se ha retrocedido en los derechos sexuales y reproductivos y la diversidad sexual, a su vez que la jerarquía clerical local ha discutido con el papado en su visita al país con respecto al matrimonio igualitario y la política de acogida de refugiados . Al mismo 5 tiempo se denuncia el debilitamiento de la independencia del Poder Judicial , y el 6 disciplinamiento cultural por parte del gobierno nacionalista ­ultracatólico con 7 manipulaciones sobre la memoria de hechos históricos, en particular la participación polaca en el holocausto y la segunda guerra mundial.

          Con respecto a Eslovaquia, el recientemente fundado (2012) Partido Popular Nuestra Eslovaquia (LSNS), anti­gitano y euroescéptico, ha ingresado al parlamento nacional en 2016 tras gobernar en una provincia y están proponiendo un referéndum para la salida de la UE. Mientras que en la república Chequia formaciones racistas han ingresado al parlamento en 2013 mediante la coalición Amanecer­ Nacional , al tiempo que el gobierno 8 de centro­izquierda levanta parte del discurso islamofóbico. 9

          El grupo de Visegrado se compone por Rep Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia y han rechazado el acuerdo propuesto por Francia y Alemania sobre la cuota de asilo de refugiados. Se conformó este grupo por países de ingreso tardío (2004) a la Unión 10 Europea, del centro del continente y algunos ex-­integrantes del pacto de Varsovia. En el nuevo contexto del siglo XXI, este grupo coopera en pos de posiciones comunes a la interna para defender en el bloque regional. Frente a la crisis de seguridad internacional y dada la guerra contra el terrorismo, proponen la militarización de las fronteras para un mayor control de la seguridad nacional. El jefe del gabinete del gobierno húngaro propone la “creación un ejército de la Unión Europea para reforzar las defensas en la frontera europea con Rusia y Turquía.” 11

Al oeste del centro la doble A: Alemania y Austria

          El 2016 ha sido para Austria, un año electoral en que se anuncia el fin del bipartidismo desde 1945 tras el desplome de la coalición Socialdemócrata­Demoliberal. La segunda ronda o ballotage, entre el candidato independiente­verde Van der Bellen ante el candidato del partido euroescéptico de extrema derecha Libertad para Austria (FPÖ) liderado por Höfer, ha sido anulada y las elecciones volverán a repetirse en diciembre, debido a errores en el conteo de los votos a distancia (por correo).

          Alemania ha sido reconocida en los últimos años por ejercer no sólo un rol de potencia económica en el bloque sino de liderazgo político, y aquí cabe resaltar la figura de la canciller democristiana Merkel. Este país, que ha cumplido su cuarto de siglo desde la reunificación, no ha tenido presencia de partidos ultraderechistas en el Bundestag (parlamento federal) desde la segunda guerra mundial. Hasta ahora este grupo ideológico/sociopolítico era ocupado en las calles por el PEGIDA (patriotas europeos contra la islamización de occidente) y en los parlamentos regionales por la Alternativa para Alemania (AfD), plataforma creada en 2013. No obstante, y con las elecciones federales de 2017 a la vuelta de la esquina, este nuevo partido ya ha logrado ingresar en 10 de los 16 parlamentos regionales buscará dar un salto reforzando su discurso caracterizando de 12 fracaso la política de “puertas abiertas” implementada por Merkel ­un millón desde el 2015 13.

          El tema no ha estado ausente en la agenda internacional por ejemplo en la asamblea general de la ONU de septiembre cuando Barak Obama, en su última presentación como presidente estadounidense, alertó acerca de como ciertos populismos funcionan como reacción cultural a la inmigración, como para defender la “pureza cultural”. 14 Para aquellos países que participan en bloques comerciales ­estrategia regionalistala incertidumbre en las instituciones de integración regional del bloque europeo deben ser seguidas y estudiadas atentamente debido a los efectos directos en cualquier negociación entre las partes. Por otro lado, el creciente descontento popular en Europa con la burocracia institucional es capitalizado por el populismo de derechas debido a la debilidad de las propuestas alternativas. Esta crítica se refiere a que el fracaso de los proyectos de integración regional pueden entenderse en parte por la ausencia de mecanismos de solidaridad y reciprocidad entre las naciones, es decir, una integración que supere los criterios que maneja la troika a la hora de renegociar los términos de la deuda pública de los países deudores del sur. (Grecia por ejemplo).

Notas

2 “Tal como Fidesz, Jobbik le ha pedido a los húngaros rechazar las cuotas de la UE. Su líder Vona ha dicho que si el PM Orban no consigue la participación mínima para validar el referendum debe renunciar.” http://www.dailysabah.com/europe/2016/09/19/hungarian­pm­steps­up­anti­migrant­campaign­ahead­of­oct­2­vote

3 Según el sociólogo Jozsef Böröcz “FIDESZ opera una maquinaria de propaganda muy poderosa, con tecnologías de convicción y dominio muy sofisticadas. FIDESZ ha conseguido tomar el control de casi todo los medios de comunicación de masas”. http://www.lamarea.com/2016/09/17/orban­proporciono­la­excusa­perfecta­a­muchos­politicos­europeos­para­desplazarse­aun ­mas­a­la­derecha/

4 Nota periodistica “Orbán relacionó a una “inmigración sin control” la “actual situación de seguridad y de terrorismo incontrolable” y consideró que la UE debería encarar en el cumbre los errores cometidos en los últimos tiempos.” http://www.teinteresa.es/politica/V4­ejercito­comunitario­refugiados­nacional_0_1651634977.html

5 “Las opiniones de Francisco sobre temas como el aborto o los homosexuales en la Iglesia ha provocado resistencias en los sectores más conservadores de la jerarquía eclesiástica polaca. Tampoco gusta entre las instancias políticas la defensa del papa argentino de la acogida de refugiados, un tema sobre el que el Gobierno polaco se muestra reacio.” http://es.euronews.com/2016/07/28/francisco­llega­a­polonia­en­plena­discrepancia­con­el­gobierno­y­la

6 “La Comisión Europea insistió hoy en que el Gobierno polaco se comprometa a garantizar el Estado de Derecho en el país y apaciguar su crisis interna surgida a raíz de una posible reforma al Tribunal Constitucional local.” http://prensa­latina.cu/index.php?o=rn&id=26229&SEO=comision­europea­exige­a­polonia­cumplir­estado­de­derecho

7 “En el ámbito cultural “rechazan como falsificación todo lo que, a su modo de ver, ensucie la imagen del pueblo polaco, que consideran inmaculada. Eso les ha llevado a pleitear por las revelaciones de los asesinatos de judíos por sus vecinos polacos en Jedwane en 1941.” http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/07/actualidad/1473268911_259162.html

8 “His former party, Dawn of Direct Democracy, rode a wave of anti­immigrant fervor into the Czech Parliament in 2013.” http://www.ozy.com/provocateurs/the­czech­immigrant­who­opposes­immigrants/41659

9 “Durante su discurso televisado de Navidad el presidente checo agregó que la llegada masiva de inmigrantes es una “invasión organizada” y “no de un movimiento espontáneo de refugiados”. Zeman concluyó diciendo: “Este país es nuestro. Este país no puede ser y no será para todos”. A pesar de estas baja cifras, la República Checa es uno de los que rechaza con mayor vehemencia el reparto de refugiados en el seno de la Unión Europea.” http://www.huffingtonpost.es/2015/12/26/refugiados­presidente­checo_n_8879276.html

10 “El grupo Visegrado, también conocido como el ‘V4’ se ha convertido en el centro de todas las miradas. Por su rechazo a la propuesta sobre inmigración presentada en la reunión entre ministros del Interior celebrado en Bruselas”. http://www.lainformacion.com/asuntos­sociales/inmigracion/que­es­el­grupo­visegrado­y­por­que­ha­dicho­no­al­acuerdo­sobre ­los­refugiados_Rx30nBSuHvdjnivK8XyUV6/

11 Nota en Europapress. http://www.europapress.es/internacional/noticia­grupo­visegrado­espera­cumbre­ayude­proteger­fronteras­bulgaria­201609151 52549.html

12 “Este partido antiinmigrantes, fundado en 2013, logró ayer entrar en el parlamento regional berlinés, con 13,8% de los votos. De este modo, ya logró representación en los parlamentos de diez de los 16 estados que tiene el país, informó la agencia de noticiasEfe. Su siguiente paso es conseguir en las elecciones de setiembre de 2017 lo que no pudo hacer en las de 2013: superar el 5% de votos necesario para entrar en el parlamento federal, el Bundestag. Las últimas encuestas concluyen que puede contar con eso.” http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/9/caen­los­partidos­tradicionales­en­las­elecciones­de­berlin/

13 “La canciller alemana, Angela Merkel (izquierda), rechaza las críticas a su decisión de permitir el ingreso al país a más de un millón de migrantes, la mayoría musulmanes, el último año” https://es.gatestoneinstitute.org/8623/alemania­inmigracion­puertas­abiertas 14 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/20/estados_unidos/1474384409_797751.html

Referencias bibliográficas

Hans­Jürgen Bieling (2015). “Uneven development and ‘European crisis constitutionalism’, or the reasons for and conditions of a ‘passive revolution in trouble'”. In Johannes Jäger; Elisabeth Springler.Asymmetric Crisis in Europe and Possible Futures: Critical Political Economy and Post­Keynesian Perspectives. Routledge. p. 110. ISBN 978­1­317­65298­4

Nociar, Tomáš (December 2012). “Right­Wing Extremism in Slovakia”. Friedrich­Ebert­Stiftung International Policy Analysis: 5–6. Disponible online en ingles: http://library.fes.de/pdf­files/id­moe/09567.pdf

Anexo

Algunas reflexiones acerca de la pregunta formulada por Murray Bookchin: “¿Qué es la ecología social?”

Autor: Jacques Luzi

Traducción de francés a español

Presses de Sciences Po (P.F.N.S.P.) | « Ecologie & politique » 2011/1 N°41 | pages 173 à 182
Artículo disponible en: http://www.cairn.info/revue-ecologie-et-politique-2011-1-page-173.htm


 

“Esa sociedad había elegido callarse sobre la finitud del mundo. Sobre lo efímero del desperdicio y la gula. Unos porque se gozaban y los otros porque aspiraban a gozarse, y todos con la fé de que el hada Tecnología y el dios Progreso les permitirían transformar cada vez menos materia en cada vez más bienes. Y quizás esto sea verdad. […] Es en esta tentativa de nueva revolución industrial que el tecno-capitalismo juega su supervivencia. Su desmoronamiento o su triunfo irreversible.” Pièces et main d’oeuvre[1]

 

La movilización mediática acerca del “desarrollo sostenible”, al igual que las tentativas de adopción política de la ecología, parecen tener una doble función: crear un sentimiento de miedo frente a la amplitud de la crisis ambiental; poner ese miedo al servicio de la perpetuación y del reforzamiento de instituciones y de la lógica sociopolítica que ordenan las sociedades modernas desde hace más de dos siglos[2]. Como lo indicaba claramente el Informe Brundtland, hace ahora más de veinte años, lo esencial descansa en promover los progresos tecnológicos y organizacionales “de manera de abrir la vía a una nueva era de crecimiento económico[3]”. Lo que significa que los problemas ecológicos provocados por el “progreso” tecno-económico están circunscritos a buscar soluciones en el reforzamiento de este mismo “progreso”, fuera de toda modificación substancial de las estructuras sociales, consideradas como las mejores adaptadas a la “naturaleza humana”.

Un tal conservadurismo social no puede más que motivar una lectura atenta de los que bien entienden de no separar las relaciones hombre-hombre de las relaciones hombre-naturaleza. Entre ellos, la originalidad de Murray Bookchin consiste en establecer el vínculo entre, de una parte, el desastre ecológico actual y las relaciones sociales instituidas en las sociedades modernas, y, de otra parte, estas relaciones sociales y la dinámica histórica de la dominación del hombre por el hombre. Su conclusión es que “ninguno de los problemas ecológicos a los que nos enfrentamos podrá ser resuelto sin un cambio social profundo[4]” aboliendo toda forma de jerarquía. Se entiende entonces porqué la posición de Bookchin se construye alrededor de dos corrientes que tienen por punto en común el vaciar las relaciones con la naturaleza de todo contenido sociopolítico: el “mito tecnocrático” (del “desarrollo sostenible”) y el “espiritualismo anti-racionalista” (de la “ecología profunda”). Es navegando entre esas dos corrientes que busca dar un contorno preciso de la idea que se hace de la “ecología social”.

Así es, en primer lugar, la manera en que entiende aprehender la tecnología y la “Ciencia”: “No podemos rechazar nuestra herencia científica, es decir volver a una tecnología rudimentaria y a sus cadenas: la inseguridad material, el trabajo desgastante, la renunciación. No menos que no podemos dejarnos someter  por el mundo de las máquinas, deshumanizados por la tecnología: la alienación, la concurrencia y la brutal denegación de las posibilidades humanas[5].” Lo que conduce a la voluntad de una nueva disciplina científica – la ecología social- capaz de “asociar crítica y reconstrucción, teoría y práctica, visión creativa y técnica[6]”.

Esta nueva ciencia debe romper con el cientismo tradicional a la vez del punto de vista metodológico (abandono del reduccionismo cartesiano y del cuantitativismo, en beneficio del análisis “sistemático” y “cualitativo”) y del punto de vista práctico (substitución de la voluntad de dominación de la naturaleza por la voluntad de armonizar los mundos humanos y el mundo natural). Al reduccionismo cartesiano y al imaginario del “dominio” corresponde el proyecto del “desarrollo sostenible”, o lo que Bookchin llama el “ambientalismo”.

En oposición: “La ecología trata del equilibrio de la naturaleza, de la interdependencia de lo viviente y lo no viviente. Los seres humanos hacen parte del mundo natural, esta ciencia debe igualmente aplicarse al rol de la humanidad en la naturaleza – más precisamente al carácter, a las formas y a la estructura de las relaciones entre la humanidad y las otras especies, y con el substrato inorgánico de lo biótico[7]”. La ecología social presenta entonces tres dimensiones: una dimensión cognitiva (integrando la historia humana a la historia de la naturaleza), una dimensión crítica (describiendo la dinámica compleja que conduce a la ruptura en el mundo humano y el mundo natural) y una dimensión práctica (estableciendo las relaciones sociedad-naturaleza en el cuadro de ecosistemas concretos).

Estas tres dimensiones se encuentran en el seno de los conceptos claves a partir de los que Bookchin funda su “ecología social”:

    1. El concepto de “totalidad”

El holismo metodológico de Bookchin se opone, como se vio, al reduccionismo cartesiano. Si estimamos que los caracteres de los elementos de un todo no preexisten a las relaciones que tienen entre ellos, si entonces estos elementos no pueden ser estudiados independientemente de lo que los relaciona entre ellos y con el todo, entonces la inteligibilidad del todo no puede elaborarse solamente a partir del estudio de la forma de las relaciones sobre la base en la cual los elementos se organizan. Esta concepción no debe ser confundida con el acercamiento totalitario del “todo” o de la “comunidad”. Porque “la “totalidad” [totalitaria] es alcanzada por medio de la homogeneización, de la estandarización y de la coordinación represiva de los [elementos]”; mientras que “la estabilidad ecológica no es función de la simplicidad y de la homogeneidad, sino de la complejidad y la variedad[8].  Fuera de su dimensión cognitiva, la “totalidad” para Bookchin posee igualmente:

– Una dimensión crítica: por  ejemplo, si procedemos al análisis comparado del monocultivo industrial y de los cultivos cruzados de alimentos. O si se constata la uniformización y la estandarización de la vida humana en las sociedades industriales;

– Una dimensión práctica: por ejemplo, si se considera el interés de Bookchin por el establecimiento de una forma descentralizada de vida social (el municipalismo), de manera de garantizar a la vez la diversidad de formas de humanidad y sus integraciones a la de los ecosistemas.

Además, esta aproximación “total” (sistémica, orgánica) no implica creer en un conocimiento “total” ni reproducir la voluntad moderna de dominar la naturaleza. La finalidad es trabajar “con” y no “contra” la naturaleza: “Si la unidad en la diversidad es uno de los principios fundamentales de la ecología, la inagotable riqueza de la flora y de la fauna contenida en una hectárea de tierra nos lleva a  otro postulado ecológico de base: la necesidad de dejar a la naturaleza un gran margen de maniobra[9]”. La “totalidad” de Bookchin es inseparable de la idea de “espontaneidad” y del rechazo asociado a la asimilación del orden y de la jerarquía.

    2. El concepto de “red”

En su lucha contra la práctica y la idea de la dominación, Bookchin  busca deshacerse de dos movimientos complementarios: el que consiste, en el seno de la etología o de la sociobiología, en proyectar las estructuras humanas de dominación en la naturaleza; y el que, inversamente, conduce a legitimar estas estructuras de dominación como participación de un orden natural. Se puede notar, para apoyar la posición de Bookchin, que este “ir y venir” entre lo social y lo natural se enraíza en la dupla Malthus-Darwin, en el origen de la representación dominante de la vida en los tiempos modernos. En efecto, Darwin precisa que su caracterización de la vida como “lucha por la supervivencia” es una proyección de “la doctrina [socioeconómica] de Malthus con una intensidad mucho más considerable en todo el reino animal y en todo el reino vegetal”; mientras que, por su parte, Malthus partía de una “ley natural” a fin de llevarla a las sociedades humanas[10].

Para Bookchin, la configuración de la naturaleza se parece más a una “red de interdependencia circular” que a una “pirámide estática” donde se podría discernir “especies superiores” y “especies inferiores”. De la misma manera, las relaciones entre especies no son únicamente de depredación, sino también de “mutualismo simbiótico[11]”. Describir la vida como un proceso uniforme de competición por la supervivencia material, de eliminación de los menos aptos, etc., lleva a describirla según la mentalidad burguesa de la era moderna y a darle una legitimidad “natural” a la dominación social que ejerce, al mismo tiempo que esta dominación lleva a la vez a la servidumbre de cada dimensión de la vida humana al ciclo “industrializado” de la necesidad biológica y el empobrecimiento irreductible y desestabilizador del ambiente.

Por otra parte, las relaciones de dominación y de sumisión “deben aplicarse [no a actos aislados, pero sí] a relaciones institucionalizadas”, implicando “una estructura específicamente social[12]”: son entonces propias a las sociedades humanas (según él, sólo los hombres instituyen sociedades, mismo si existen comunidades animales). Tomando el vocabulario de Hannah Arendt, se podría agregar que las sociedades humanas son sociedades “naturalmente” políticas, en el sentido en que se caracterizan por su poder, es decir su capacidad de llevar una acción colectiva consciente. El poder, desde este punto de vista, debe ser distinguido de la dominación, que corresponde a la captura del poder por una minoría activa (una oligarquía, generalmente). Existieron sociedades “sin dominación”, y podemos esperar que existirán de nuevo en el futuro. Pero, así como no hubo en el pasado sociedades sin poder, tampoco las habrá en el futuro.

Si bien Bookchin insiste en su crítica de la asimilación naturaleza-sociedad, que tiende a disolver tanto lo natural como lo social, no resulta menos crítico de “la doctrina ingenua de la sociología que nos separa abruptamente de ella[13]”. En este sentido, conviene no alejar el hecho de que “la naturaleza es una condición previa al desarrollo de la sociedad” y que “la historia humana no podrá nunca deshacerse o desprenderse de la naturaleza[14]”. La cuestión se transforma entonces en saber como “la interacción de la naturaleza [activa y concreta, que emerge bajo la forma de ecosistemas complejos y dinámicos] y la sociedad” resulta en “la actualización de sus potencialidades comunes[15]”.

    3. El concepto de “espontaneidad”

Para Bookchin, “la espontaneidad juega en la ecología social un rol bastante análogo al que juega en la ecología natural – es en función de la diversidad y de la complejidad[16]”. Si tal es el caso, entonces el hombre no debe únicamente abandonar toda pretensión de soberanía sobre la naturaleza, sino también sobre su propia historia.

Esta proposición no es para nada una invitación al nihilismo y a la pasividad. Porque si “un ecosistema llega a su punto culminante cuando llega al más alto grado de estabilidad que permite el nivel dado de posibilidades que le es propio”, “la esfera social hace nacer la posibilidad de la libertad y de la consciencia de sí mismo en tanto que función agregada a la estabilidad[17]”. Esta es la razón por la que Bookchin pone en causa a la vez la identificación “orden = jerarquía” y la superioridad de la “vanguardias” iluminadas, que se juntan para extirpar el rol liberador de los movimientos sociales espontáneos.

La “ciencia” que Bookchin llama de su voluntad se vale entonces como la inspiratoria clarividente, y no la líder experta, de la espontaneidad humana y de sus impulsos hacia una mayor autonomía.

**

A pesar de la innegable coherencia que Bookchin da a su proyecto, a pesar de la simpatía que puede inspirar su atamiento a lo que nombra las “ideas libertarias de Ilustración”, el sentido que le atribuye a la ecología social no parece exento de toda crítica[18]. Así, los vínculos que establece entre la dominación del hombre sobre el hombre y la degradación sistemática de la naturaleza están lejos de ser evidentes.

Sería difícil encontrar una forma tradicional de dominación social que pueda ser caracterizada por una voluntad persistente de dominar la naturaleza, aún si la emergencia del Estado se pudo acompañar de un aumento de la dominación de la naturaleza y si se puede ver, como Marcel Gauchet, el inicio de “la trasformación de las cosas por la transformación de hombre en cosas[19]”. Al respecto de la Antigüedad occidental, J.-P. Vernant remarca que “los Griegos no inventaron la razón, como categoría única y universal, pero sí una razón, que tiene al lenguaje como instrumento y que permite accionar sobre los hombres, no transformar la naturaleza[20]”. A la inversa, la razón moderna asocia el pesimismo a la posibilidad de accionar (positivamente) sobre el hombre y a la esperanza de transformar la naturaleza. La mutación de la forma que toma la dominación social, en occidente, se acompaño de una inversión cultural. Las formas de dominación social, hasta el Renacimiento, se encontraban en efecto instituidas en una cultura tradicional en el seno de la cual el conservadurismo sociopolítico se nutría de una aceptación del Cosmos o de la Voluntad Divina y de la valorización del control de uno mismo (autonomía) o de la resignación (religiosa). En oposición, la jerarquía social en las sociedades modernas se perpetúa gracias a la conquista de la naturaleza y de la valorización del comportamiento de la búsqueda de la máxima satisfacción personal[21].

El vínculo entre la dominación del hombre sobre el hombre y de la dominación voluntaria y sistemática de la naturaleza parece entonces ser un fenómeno específico de la modernidad. A la dominación concreta del Capital corresponde la idea de que el progreso moral y político de las sociedades humanas está condicionado por el progreso científico, técnico y económico (es decir, el progreso de la dominación de la naturaleza que orquesta el Capital a su provecho). La jerarquía social está puesta a jugar un rol positivo en este avance de la humanidad, desde que permite a una élite “iluminada”, libre de la condición de reproducir materialmente su existencia, asegurar el desarrollo del saber “objetivo” necesario al progreso técnico-económico. Pero no solamente la jerarquía social aparece como la fuente del “Progreso”, sino también el “Progreso” mismo queda concebido como el garante de la perennidad de la jerarquía social, en acuerdo con la idea de que la estabilidad del orden social es conservada en tanto que cada uno vea su situación material mejorar. En términos más ilustrados: “La torta no puede crecer a menos que si cada uno espera tener una parte más importante que la de los otros, y la repartición desigualitaria es admitida por todos en tanto que, la torta creciente, cada uno ve su parte agrandarse”. Se comprenden dos elementos importantes de las sociedades modernas:

– el vínculo que tejen entre las jerarquías sociales instituidas (económicas, políticas, culturales) y la dominación de la naturaleza, fuente de su legitimidad;

– el fetichismo del “progreso técnico” y del “crecimiento económico” de las clases sociales dominantes, dado que la ausencia de “progreso” y “crecimiento” es sinónimo, en sus espíritus, de un desorden social potencialmente revolucionario.

Esto es, el desorden social puede también nacer de los malestares sociales y ambientales que no puede dejar de producir la empresa en crecimiento de imperativos progresistas sobre el cotidiano. Las sociedades modernas avanzan sobre un filo y parecen acercarse cada vez más a la doble incapacidad de mantener, tanto como de deshacerse, de la promesa mil veces repetida de un bienintencionado progreso material.

No obstante, el carácter no sistemático de la relación entre la dominación social y la dominación de la naturaleza, además de que permite remarcar mejor la singularidad del mundo moderno, indica igualmente que no debe ser tenido como imposible que una forma singular de dominación pueda establecerse haciendo de las obligaciones ecológicas la “razón” de una administración total englobando a los administradores mismos. Esta totalización de la jerarquía, no pudiendo proseguir con el programa de dominación de la naturaleza, podría funcionar legitimando su influencia sobre la vida social por medio del imperativo de la “supervivencia”. A una sociedad movilizada alrededor de la depredación de la naturaleza la podría entonces suceder una sociedad movilizada alrededor de la necesidad de establecer un “refugio” en el contexto de un ambiente inhabitable. Y si la primera se basa en la licencia acordada a los deseos de posesión y de explotación, reduciendo la naturaleza al rango de mina y de vertedero, la segunda se fundaría sobre la represión drástica de los deseos, una vez transformada la naturaleza en un desierto que pocos querrían habitar[22]. Mismo si no era la intención de su autor, es posible encontrar en 1984 una imagen de este “totalitarismo verde”: la sociedad descrita por Orwell, seguida de la caída del capitalismo, es efectivamente una sociedad de racionalización drástica, en la cual el abandono de toda idea de enriquecimiento individual y colectivo, mismo en las clases reinantes, conduce la ciencia para concentrarla únicamente en el progreso de las técnicas de control social (de debilitamiento de toda comunicación horizontal y de toda espontaneidad)[23].

Tal perspectiva, dado que parece creíble, no puede hacerle impase a una reflexión profunda de las relaciones saber-poder, ausente en el texto de Bookchin. Interesado en contradecir las representaciones “naturalistas” de la dominación tanto como la deificación de la naturaleza que impregna a la ecología profunda, pasa por alto todo pensamiento político sobre la “Ciencia”.

Se puede lamentar, en particular, que se acerque a la concepción marxista que hace del “Mito” y de la “Ciencia” perfectos antónimos, dejando creer que todo abandono de la “Ciencia” moderna traería una recaída en lo irracional[24]. Por una parte, esto vuelve a hacer el impase sobre el hecho de que la “Ciencia”, en cuanto que rechaza todo juicio subjetivo, no puede demostrar su valor. El valor incondicional que las sociedades modernas le otorgan no descansa más que sobre un mito típicamente occidental, el de la identificación del saber “objetivo” con el “bien”. Por otra parte, esto oculta el hecho de que toda sociedad humana haya desarrollado una forma de saber, conforme a sus creencias y adaptada a su ambiente[25].

Conviene entonces de no confundir “Ciencia” y saber (la “Ciencia” siendo no más que la forma moderna del saber), ni de descartar a priori el análisis político de la “Ciencia”, al menos si, a semejanza de Bookchin, se comparte poner bajo la lupa los vínculos existentes entre la dominación de los hombres entre ellos y la dominación de la naturaleza. En este sentido, no es absurdo avanzar que, al igual que la clase capitalista se apoderó de la esfera social de la reproducción material de la sociedad, la clase científica se apropió de la esfera social de la producción del saber. Lo que distingue el saber de los “primitivos” del saber de los “modernos” es principalmente una diferencia política, el conocimiento de los “primitivos” no siendo mediado por una clase de especialistas del saber. A esta primera desposesión se le agrega la dependencia de los virtuosos científicos a los “poderosos” que los emplean, sea el Estado o la Gran Industria. De manera que, como ya lo señalaba Ivan Illich: “El consumidor-usuario integral, el hombre plenamente industrializado, no se apodera de nada más que de lo que consume[26]”. La “Ciencia”, por definición, queda entonces íntimamente ligada a la jerarquía social y a la dominación social del Capital, fundado tanto sobre la división del trabajo social (y su jerarquización) como sobre la dominación sistemática de la naturaleza[27].

La lógica anti-jerárquica de Bookchin debería entonces promover la idea de un saber no esotérico, lo que supone al menos que la producción social del saber sea condicionada por el imperativo de igualdad en la actividad cognitiva de tal o tal grupo humano (evolucionando concretamente y simbólicamente en el seno de un ecosistema específico). La acumulación del saber, al igual que el poder práctico que induce, encontraría allí una forma social de limitación favorable a la perpetuación de la espontaneidad en el orden de la dinámica humana tanto como natural[28].

Tales consideraciones muestran a qué punto, más aún de lo que hace Bookchin, las relaciones con la naturaleza y las relaciones sociales son interdependientes. En su voluntad de oponerse a la deep ecology, Bookchin asocia un poco rápido el abandono de las tecnologías modernas a “la inseguridad material, el trabajo desgastante, la renunciación”, sin ver que son argumentos de este tipo los que están en el origen de la idea progresista abogando por la necesaria dominación técnico-económica de la naturaleza[29]. Sin embargo, es probable que “la inseguridad material, el trabajo desgastante, la renunciación” hayan sido, en gran parte, el resultado, no de una impotencia técnica de cara a la naturaleza, sino de la practica misma de la dominación social. Hegel notaba ya que, “a pesar de su exceso de riqueza, la sociedad civil no es lo suficientemente rica, es decir que en su riqueza, no posee los suficientes bienes para pagar tributo al exceso de la miseria y a la plebe que genera[30]”. La estructura competitiva y desigualitaria de la sociedad moderna, en la cual se basa su dinamismo, es entonces al mismo tiempo la que impide realizar la promesa de abundancia material que la legitima. Pero, paradojalmente, encuentra el secreto de su perennidad, empujando hacia un futuro siempre indeterminado la bonanza prometida.

Actualmente predomina la tentativa de arreglar la crisis ecológica en el cuadro mismo del sistema sociopolítico que le dio nacimiento: el capitalismo mundial en vías de mundialización. Si se hiciera explícito que ninguna nueva revolución tecnocientífica, mismo trayendo crecimiento, permite integrar las restricciones ecológicas en la lógica de expansión del capital, es muy probable que al menos una parte de las clases dominantes intenten poner en marcha una nueva organización sociopolítica susceptible de mantener su hegemonía. Esta, no pudiendo más basarse en el mejoramiento relativo de la condición material de los dominados, tomará necesariamente una forma menos “liberal”, más abiertamente opresiva, las restricciones ecológicas, científicamente definidas, serán brutalmente impuestas a las “masas”. Se concibe fácilmente que un tal período de bifurcación no vendrá sin un recrudecimiento de los conflictos sociales (ver internacionales).

Las críticas dirigidas aquí a Bookchin  pueden resumirse así: toda forma de dominación social no es incompatible con la salvaguardia del ambiente (se puede ver como ecológicamente viable un “totalitarismo verde” conducido por una clase tecnocrática, ascética y únicamente sujeta al disfrute puro del ejercicio de la dominación); “otras” sociedades (fundadas sobre otros imaginarios que el del “control”, un espacio público abierto, un saber y tecnologías específicas salidas directamente de la practica “rutinaria” común) desarrollarían necesariamente otras relaciones (reales y simbólicas) con el mundo natural. Si aceptamos estas proposiciones, entonces parece que el aspecto clave de estos conflictos debería ser, no la cuestión ecológica en sí, sino la cuestión humana. El mundo social actual, ecológicamente suicida, es la fábrica alienante y destructora de las apariencias monetizables de la libertad y la felicidad. La aspiración a una autentica libertad, lúcida sobre sus límites, sus faltas y sus riesgos, consciente de que la felicidad del hombre no reside ni en la licencia otorgada a las pasiones ni en la desaparición del sufrimiento, bastaría entonces para deshacerse de la seudo-necesidad de esta fábrica y de su “Ciencia”, y en consecuencia de sus perjuicios.

Las dos frases siguientes, a pesar de su similitud, no tiene el mismo significado: a) Los hombre deberán librarse de las quimeras del mundo moderno para vivir diferente en el seno del mundo natural; b) Es la alegría de liberarse de las quimeras del mundo moderno que los conducirá a vivir diferente en el seno del mundo natural. El mundo moderno perderá toda legitimidad cuando no sean más las razones, sino el gusto de mucha más gente, que decida en contra de él[31]. Giono, mejor que Bookchin, tenía la intuición de esto: “Esta sociedad construida sobre el dinero, te hace falta destruirla antes de ser feliz. Lo que te proponen no vale la pena. Sentís bien que nuestra época está nerviosa y tambaleante; demasiados hombres están privados de las felicidades naturales. No te digo que te sacrifiques por las generaciones futuras; esas son las palabras que se emplean para engañar a las generaciones presentes, te digo: hacé tu propia felicidad[32]”.

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Jacques Luzi es profesor en la universidad de Bretagne-Sud y miembro del laboratorio ÉCHANGE (Equipo sobre las civilizaciones y humanidades antiguas y nuevas germánicas y eslavas) de la universidad de Provence.

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[1] Pièces et main d’oeuvre, Terreur et possession. Enquête sur la police des populations à l’ère techno­logique, L’Échappée, Paris, 2008, p. 19.

[2] Recordemos que para Montesquieu, todo régimen político es animado por un principio de acción: la monarquía se funda sobre el principio del honor, la republica sobre el principio de la virtud cívica, el despotismo sobre el miedo. Desde esta perspectiva, nuestro tiempo parece caracterizarse por un doble movimiento: el debilitamiento de la virtud cívica, con el desarrollo de la corrupción, del clientelismo, del lobbying… y la huida correspondiente hacia el abstencionismo y el apoliticismo (ver al respecto: Monde diplomatique de juin 2010) ; la instilación del miedo (miedo al desempleo, a la exclusión, a la violencia social, a los “otros”, al avenir ecológico). Este doble movimiento traduce la innegable afirmación del despotismo « despersonalizado » del Capital…

[3] Citado por G. Rist, Le développement. Histoire d’une croyance occidentale, Les Presses de Sciences Po, Paris, 1996, p. 294 (y subsiguientes para una crítica profundizada de esta relación).

[4] M. Bookchin, op. cit.

[5] Ibid., p. 12.

[6] Ibid.

[7] Ibid., p. 15.

 [8] M. Bookchin, op. cit., p. 17.

[9] Ibid., p. 19.

[10] C. Darwin, Origines des espèces, 1859, chapitre III (cité par P. Tort, Darwin et le darwinisme, PUF, Paris, 1997, p. 36). Et T. Malthus, Essai sur le principe de population, 1798, <classiques.uqac.ca/classi­ques/maltus_thomas_robert/essais_population/essais_population.html>.

[11] M. Bookchin, op. cit., p. 21. Se reconoce aquí la influencia discreta de las ideas de P. Kropotkin, L’en­traide. Un facteur de l’évolution, Écosociété, Montréal, 2005 (1902), <raforum.apinc.org/bibliolib/HTML/Kropotkine-Entraide.html>.

[12] M. Bookchin, op. cit., p. 25.

[13] Ibid., p. 36.

[14] Ibid., p. 31 et 32.

[15] Ibid., p. 31.

[16] Ibid., p. 34.

[17] Ibid., p. 35.

[18] Estos ideales le parecen ser « la valorización de la libertad, de la instrucción, de la autonomía individual » (ibid., p. 5). Para limitar mi propósito, dejo de costado la discusión sobre el hecho de saber si esos ideales son realmente los de la « Ilustración ».

[19] M. Gauchet, Le désenchantement du monde. Une histoire politique de la religion, Gallimard, Paris, 1985, p. 86.

[20] J.-P. Vernant, Les origines de la pensée grecque, PUF, Paris, 1962, préface. Y M. Finley caracteriza la economía antigua de adquisitiva y no de acumulativa (L’économie antique, Éditions de Minuit, Paris, 1973, p. 194).

[21] Dejo aquí de costado la cuestión de la « transición ». Siguiendo a Marcel Gauchet, se puede considerar que ha sido favorecida por la evolución de una religión primitiva (caracterizada por la adhesión a lo que es y la conformidad a la ley ancestral) a una religión transcendente abriéndole al hombre, por una parte, la posibilidad de descifrar el « libro de la naturaleza », y, por otra parte, de encontrar en el poder consecutivo sobre la naturaleza el principio de su saludo terrestre. Ver M. Gauchet, op. cit.

[22] Polanyi lo había notado ya en 1944: la mercantilización de la naturaleza conduce a su agotamiento. Pero, por una curiosa inversión, este agotamiento, creando realmente la rareza injustamente puesta en el origen de los tiempos por los economistas liberales, crea, en su espíritu, las condiciones de un reforzamiento de la mercantilización (el mejor ejemplo actual es el del agua). De la misma manera, se puede concebir que la devastación de la naturaleza puede reforzar las estructuras de dominación, en la medida en que el encerramiento en el seno de una sociedad tecno-fascista puede presentarse como la única oportunidad de refugio.

[23] Se puede encontrar el espíritu de tal tendencia en los progresos actuales de las tecno-policías. Ver Pièces et main d’oeuvre, op. cit.

[24] Por ejemplo: «Toda mitología controla y moldea a las fuerzas de la naturaleza en el dominio de la imaginación y por la imaginación les da forma; y desaparece entonces cuando esas fuerzas son dominadas realmente » (K. Marx, Préface et introduction à la « critique de l’économie politique », Édition en Lan­gue Étrangère, Beijing, 1980 (1859), p. 50).

[25] Por ejemplo, C. Lévi-Strauss : « Ese apetito por el conocimiento objetivo constituye uno de los aspectos más desatendidos de esos que llamamos “primitivos”. Si está raramente dirigido hacia realidades de mismo nivel que a las que se dirige la ciencia moderna, implica procedimientos intelectuales y métodos de observación comparables » (La pensée sauvage, Plon, Paris, 1962, p. 13).

[26] I. Illich, La convivialité, Seuil, Paris, 1973, p. 131. Y además: ¿qué consumidor sabe realmente como marcha su computadora, que recursos necesita su producción y su funcionamiento, que trabajadores las fabrican y según que disposiciones, y que residuos implican su disposición final?

[27] Todo esto es conocido ya hace tiempo. Sobre la jerarquía propia a la « Ciencia », ver por ejemplo a S. Weil : « La ciencia es un monopolio, no a causa de una mala organización de la instrucción pública, sino por su naturaleza misma; los profanos no tienen acceso que a los resultados, es decir que no pueden más que creer y no asimilar » (Réflexions sur les causes de la liberté et de l’oppression sociale, Gal­limard, Paris, 1955, p. 16). Sobre el « casamiento » de la « Ciencia » y del Capital, ver por ejemplo M. Weber: « Queda que la industria no pudo ser lo que es hoy  – y por lo tanto que el capitalismo no pudo desplegarse plenamente – hasta el momento en que se alió a la ciencia moderna » (Histoire économique, Gallimard, Paris, 1991, p. 325). Recíprocamente, K. Marx ironizaba, en sus Thèses sur Feuerbach (in L’idéologie allemande, Éditions Sociales, Paris, 1982, p. 84), preguntándose « ¿donde estarían las ciencias naturales sin el comercio y la industria? ».

[28] No hay acá un rechazo místico del conocimiento y de la técnica, sino la afirmación de que sus perfeccionamientos deben ser subordinados al imperativo de autonomía individual y colectiva. Para emplear el vocabu­lario de K. Polanyi, esto indica que la actividad técnico-económica, en lugar de emanciparse de las relaciones sociales para mejor someterlas a su propia lógica de acumulación conjunta de conocimiento y riqueza, debe ser encastrada en esas relaciones y limitadas por ellas. Es por esto que el pensamiento de Polanyi conduce a poner a la luz el dilema al cual debemos hacer frente: la totalización social del Capital o la democratización de la actividad técnico-económica.

[29] Es solamente representándose los primeros años de la humanidad bajo la forma de barbarie, estupidez, rudeza, y pobreza que el hombre moderno puede considerar el pesado aparato de prótesis tecnológicas bajo el cual se ahoga como un progreso. Este es un punto en común desde el siglo XVIII que se encuentra particularmente en los economistas liberales: ver, por ejemplo, Adam Smith, que consi­dera la situación del más pobre individuo de los países ricos mejor  «que la que ningún salvaje podría procurarse » (Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations, Gallimard, Paris, 1976 (1776), p. 34).

[30] F. Hegel, Principes de la philosophie du droit, Gallimard, Paris, 1940, p. 243.

[31] Que me excusen aquí de plagiar a F. Nietzsche : « De aquí en adelante no son más nuestros argumentos, es nuestro gusto que decide contra el cristianismo » (Le gai savoir, Gallimard, Paris, 1982, § 132, p. 154 ; basta con sustituir « cristianismo » por « capitalismo »). C. Castoriadis lo decía a su manera: « La discusión aquí no puede más que parar: mientras que la gente siga queriendo esta acumulación de cachivaches, acumulación cada vez más aleatoria para un número creciente de personas, y de la cual podrán o no podrán un día saturarse, la situación no cambiará » (« La “rationalité” du capitalisme », in Figures du pensable. Les carrefours du labyrinthe VI, Seuil, Paris, 1999, p. 87-88). Ver igualmente H. Arendt, para quien « el gusto es la facultad política que humaniza realmente lo bello y crea una cultura » (La crise de la culture, Gallimard, Paris, 1972, p. 286).

[32] J. Giono, Les vraies richesses, Grasset, Paris, 1937, p. 218.