Innovación y crecimiento económico

Introducción

Tanto en América Latina como en la mayoría de las regiones capitalistas del mundo, se ha asistido a una concepción de desarrollo, tanto como proceso o como estadio, que ha sido generalmente relacionada con el logro del crecimiento económico. De esta manera, se han procurado generar diversas teorías y prácticas para lograr que éste se efectúe. En este marco, América Latina desde su “independencia” ha esbozado diferentes teorías para alcanzarlo. En este caso trataré una de ellas, la concepción que entiende que para alcanzar el desarrollo, y por tanto el crecimiento económico, se hace necesario embarcarse en un proceso de innovación continua en los emprendimientos que formen parte de nuestra matriz productiva. Entiendo importante realizar una crítica a esta concepción dado que es muy aprobada y apoyada y ciertas cuestiones deben ser tomadas en cuenta. Para comenzar, realizaré un análisis de la teoría realizada por Prebisch con respecto a la industrialización para alcanzar el objetivo de desarrollo, dado que entiendo que este análisis tiene un fuerte componente tratado por los que defienden a la innovación como clave para embarcarse en este proceso y facilitará la comprensión del mismo.

Análisis Cepalino y actual

En el marco temporal donde se esbozó la teoría de Prebisch, se defendía que para alcanzar el desarrollo todos los países debían seguir el mismo camino, el cual era cuasi automático: la población humana tiende a ir en aumento, al aumentar la población en el sector rural aumentaría la producción de alimentos, se generarían ciudades mayormente pobladas gracias a la existencia de más alimentos y, reduciendo ampliamente la teoría, en las ciudades se generarían industrias que propulsarían el desarrollo (en este contexto crecimiento económico). Como crítica, Prebisch, en representación del pensamiento Cepalino de la época, plantea que existe un norte y un sur en diferentes estadios de desarrollo, y que las economías del sur o subdesarrolladas se encuentran en una situación de dependencia con respecto a las desarrolladas que no les permite, valga la redundancia, desarrollarse. A su vez, plantean que esta dependencia se debe, al menos en gran parte, a que los términos de intercambio en el comercio internacional no nos benefician. Arguyen que esto es así dado que los países subdesarrollados cuentan con matrices productivas poco industrializadas, que no incorporan procesos productivos de gran eficiencia ni progreso tecnológico. Debido a esta situación, los países subdesarrollados exportan mayoritariamente materias primas y productos con poco valor agregado e importan manufacturas que sí lo tienen y que incorporan cada vez un grado mayor del mismo, gracias a la incorporación de nuevas tecnologías. De esta manera, los productos exportados valdrían cada vez menos en relación a los importados, lo que sería un gran obstáculo a la hora de lograr el desarrollo (y el aclamado crecimiento económico). Habiendo analizado esta situación, planteaba que se hacía necesario un proceso de industrialización guiado por el Estado en los países subdesarrollados (específicamente América Latina) que les permitiera tomar ventaja del comercio internacional, superando los términos de intercambio desfavorables y permitiendo el desarrollo en estas regiones.

La concepción que nos propusimos analizar parecería tomar gran parte de la crítica pero difiere en la solución. Arguye que fomentar la industrialización no es suficiente para lograr alcanzar el desarrollo, sino que se hace necesaria la presencia de un proceso innovativo endógeno, local, que nos permita desarrollar e incorporar continuamente nuevas tecnologías. Se entiende esto debido a que si no lo hiciéramos de esta manera, deberíamos comprar estas nuevas tecnologías continuamente a los países del norte para poder competir en el mercado internacional, por lo que aún nos encontraríamos en una situación de dependencia y continuaríamos estancados en el subdesarrollo.

Críticas

En un plano netamente economicista, existen teóricos que plantean que los procesos productivos que involucran procesos de investigación continuos tienen la característica de poseer rendimientos crecientes de escala. Sin ánimos de entrar en una discusión conceptual, me tomaré la libertad de utilizar tipologías y argumentos tal como se utilizan en este campo (si utilizo la palabra “natural”, es en el sentido atribuido por los mismos, así como “recursos”, “bienes” y otros que puedo no percibir). Esto significa que, a medida que una empresa aumenta los factores de producción (“recursos” que se requieren para producir el “bien final”) utilizados, la producción crece más que proporcionalmente a éste aumento. Esto implicaría que, ante la presencia de varias empresas ofreciendo el bien en el mercado en cuestión, un aumento en igual cantidad de los factores productivos utilizados por parte de cada empresa involucrada resultaría en lo siguiente: la empresa que contara con más producción inicialmente, aumentaría la producción en mayor medida que sus competidoras. De esta manera, las grandes empresas tendrían ventaja en este mercado y, a largo plazo, se tendería a la presencia de un “monopolio natural”. La presencia de un monopolio implica la potestad de fijar precios (o cantidades) del bien ofrecidos por parte de la empresa en cuestión, lo que le daría la posibilidad de aumentar su opulencia en detrimento de la población que consuma este bien.

Describiré brevemente por qué al involucrar un proceso innovativo continuo en un proceso de producción se tiende a generar rendimientos de escala crecientes. Un proceso innovativo de este tipo implica, generalmente, una gran “inversión de recursos”, representados como factores de producción. Sin tomar en consideración las consecuencias directas de este mayor consumo de factores, una vez desarrollada esta nueva tecnología, la producción del producto suele ser más barata (o ese es el supuesto objetivo a la hora de invertir en innovación). De esta manera, la inversión en innovación debe ser muy grande, pero a partir de esta la producción consecuente será barata. Al ser la producción del bien más barata con la nueva tecnología, un aumento de los factores de producción utilizados resultará en un aumento de producción mayor que en el caso de una empresa que no cuenta con tal tecnología. Debido a esto, en los mercados de bienes que involucren la información y la innovación en su producción (lo cual sucede cada vez en una mayor parte de los mismos) existirán grandes obstáculos a la hora de integrar nuevos oferentes que intenten competir con los presentes, y estos últimos tenderán a dominar el mercado en un oligopolio o monopolio, acrecentando la desigualdad.

Realizo esta conceptualización para integrar a la discusión la incógnita de quién se vería realmente favorecido por un proceso de este tipo: ¿Sería la población en general, o la clase opulenta? Vale aclarar que todo este análisis se realiza dentro de la estructura actual de producción y consumo y, sin lugar a duda, la situación sería diferente si la organización social fuera otra. De todas maneras, tal como se plantea actualmente, la concepción criticada no buscaría romper con la organización tal como se presenta, sino que parecería buscar alternativas para adaptarse y, en esta concepción, “beneficiarse” de la misma.

Supongamos que este proceso llevara precisamente al crecimiento económico y a un mayor consumo en nuestra sociedad; a “beneficiarse” de la organización imperante. Esto nos da espacio, pues, a criticar la misma. Posicionándonos desde una perspectiva decrecentista, se puede argumentar que este tipo de proyectos no hacen más que fomentar el crecimiento económico deliberado, sin tomar en consideración los impactos que esto tiene sobre nuestro entorno y nosotros mismos. Desde esta mirada, se entiende que a causa del afán y la confianza por el crecimiento económico hemos generado una sociedad ampliamente desigual, donde hemos explotado nuestro entorno a nuestro beneficio y nos hemos acercado deliberadamente a los límites de subsistencia del mismo. De esta manera, se suele hablar de la “sociedad opulenta” y se considera al norte como el gran consumidor del planeta, siendo que los países del sur no deben reducir su consumo, sino más bien modificar sus objetivos y valores para no cometer los mismos errores que han cometido ellos. Claramente la perspectiva cepalina hoy vigente es una muestra de que los valores de la sociedad opulenta aún persisten, dado que el objetivo principal de este tipo de posturas es acrecentar el crecimiento económico, confiando en que este siempre traerá buenas consecuencias sociales. A su vez, tal como en el norte existe la pobreza, en el sur existe una clase opulenta con los mismos intereses que la del norte, lo que implicaría la necesidad de, a su vez en nuestro caso, llevar adelante una redistribución de los recursos en detrimento de algunos. Por otra parte, se arguye que lo que hace la felicidad no es la disposición a una gran cantidad de materiales, sino a una vida sin ansiedad, donde se disfrute el ocio en su sentido no mercantilizado y donde el anhelo a un aumento en la disposición de productos deje de ser el motus que de sentido a nuestras vidas. Todo esto nos muestra que aquí en el “Sur” tenemos al igual una gran variedad de desafíos por superar, si nuestro objetivo es alcanzar una vida placentera y libre. 

Como podemos ver, se criticaría la persistencia de una confianza ciega en el crecimiento económico, que no contempla los límites del mismo ni, muchas veces, sus “efectos secundarios” y las consecuencias negativas que éstos conllevan. Si deseamos alcanzar el objetivo mencionado, se hace necesario formar una sociedad consciente sobre las implicancias de estos proyectos, donde se institucionalicen valores diferentes que sancionen actitudes de opulencia, se aprecien las actividades no mercantilizadas y se favorezcan procesos autogestionarios y de participación activa en la toma de decisiones.

Bibliografía

-Pérez (2001), Cambio tecnológico y oportunidades de desarrollo como blanco móvil. Revista de la CEPAL 75.

-Frank, Robert, Microeconomía y conducta. 5ª edición. Mc Graw Hill. Cap 12, El monopolio.

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-Rostow (1961), Las etapas del crecimiento económico: un manifiesto no comunista. Fondo de Cultura Económica.

Taibo (2009), En defensa del decrecimiento. Editorial Catarata. Disponible en: https://books.google.com.uy/books?hl=es&lr=&id=QUYK9-PuNaEC&oi=fnd&pg=PA11&dq=Carlos+Taibo+decrecimiento&ots=JyyaLiKP5U&sig=dqvWvbhumHNqEsfTTJHnL6VW1G4#v=onepage&q=Carlos%20Taibo%20decrecimiento&f=false

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